miércoles, 7 de marzo de 2012

Cuanta más crisis y más vulnerabilidad social, más necesidad de atención psicológica


Mucha gente acude a su médico de cabecera y se lleva en el bolso o en el bolsillo, tras unos minutos de visita al doctor, una receta para psicofármacos.

Ayer antes de dormir leí un artículo sobre el diagnóstico y tratamiento de la depresión en Atención Primaria. Y corroboré la impresión que ya tenía sobre este asunto. Hay mucha gente que acude a su médico de cabecera y se lleva en el bolso o en el bolsillo una receta para psicofármacos, especialmente para paliar la ansiedad o la depresión en sus múltiples expresiones y posibilidades. El problema radica en que precisamente hay variedad de sintomatología, y de abordajes terapéuticos, y que los médicos de cabecera ni cuentan con el tiempo ni la formación adecuada, en la mayoría de casos, que requiere la complejidad de la situación vital de cada paciente. De modo que tienen lugar muchos falsos positivos y negativos, es decir, que personas decaídas se medican “de más” y otras personas con una patología depresiva real no quedan bien encaminadas ni en la medicación ni, sobre todo, en la intervención psicológica, puesto que se realizan comparativamente muy pocas, poquísimas, derivaciones a psicología.

Yo lo considero una pena, puesto que este bucle de desinformación y mala praxis repercute directamente en la calidad de vida de un gran número de personas (pacientes y familiares, compañeros de trabajo, etc). Con frecuencia la consecuencia es que los pacientes empeoran y se ven truncadas sus vidas (relaciones de pareja, conflictos laborales…).

Tal vez habría que aumentar el conocimiento de los profesionales de la salud que atienden a las personas que refieren este tipo de quejas. Y también deberían mejorarse las formas de preguntar, no sólo en la entrevista, tan reducida en tiempo, como en los test o cuestionarios –hay algunos instrumentos de medida de aplicación muy resumida y de importante valor diagnóstico-. Si bien lo ideal sería que se derivaran todos los casos presumiblemente de psiquiatría / psicología a los especialistas, o sea, a los psiquiatras y psicólogos -no únicamente a los psiquiatras, porque entonces solucionaríamos este error a medias-.

Sin embargo, tan inmersos como estamos en la fatídica crisis financiera y social –porque entre los recortes y la falta de empleo este conflicto es cada vez más social por encima de la economía-, reivindicar esto es como ir a la revisión de un examen académico con un 2,5 y suplicar un aprobado. Pero con la excusa de que no es buena época, la verdad es que nunca acaba siendo buen momento para pedir nada institucional en términos de mejorar la atención psicológica en el sistema público, así que yo voy a ser como los ecologistas que abogan por la no extinción de especies protegidas, o no protegidas, en peligro de desaparecer o de que se empeore su calidad de vida, y voy a seguir insistiendo en las necesidades sociales, especialmente en las que están relacionadas con la psicología, para no perder la costumbre y para seguir sintiéndome cómoda con mi ideología y mi manera de ver el mundo –o de pensar, proyectar, el mundo-. Además, cuanta más crisis y más vulnerabilidad social, más necesidad de tener acceso a atención psicológica.

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