miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cansada de tanto machismo encubierto

Cansada de tanto machismo encubierto, harta de tanta violencia machista justificada o edulcorada... Bueno, edulcorada no creo porque la violencia de género, la violencia machista, es uno de los peores lastres que arrastra el ser humano en su evolución.

Nos cuentan que los hombres prehistóricos asumiblemente cogían a las hembras de los pelos, las empujaban, incluso las violaban por aquello del dimorfismo sexual (machos más grandes y más fuertes; hembras más pequeñas y "delicadas"; no sé si una simia que está defendiendo a sus crías pasaría por débil o delicada, pero sí que tendría menos a su favor al defenderse del ataque de un simio, y aun más de un grupo de simios).

Quizá la vida en las cavernas fuera así, y por eso en parte las mujeres buscaban la protección de sus parejas sexuales (compañeros sentimentales), y por eso los hombres se quedaban cerca, no vaya a ser que por tener la menstruación camuflada aquellas hembras les fueran a colar un gol (un hijo de otro progenitor, se entiende).

Tal vez el origen del romanticismo esté ligado a la protección de las féminas y el control por parte de los machos... ¿Qué relación puede haber entre el romanticismo y el inicio del patriarcado? Al menos sabemos que el romanticismo se da también entre individuos del mismo sexo, de modo que podría expresarse sin todo ese machismo implícito que suele venir con el pack. Es decir, habría que dejar de defender ciertas conductas bajo el amparo del amor romántico.

El otro día leí en Facebook una crítica a la historia de La Bella y la Bestia. ¿Una historia romántica o una narración que justifica el maltrato de un hombre a una mujer bajo el paraguas del amor? "¿La encerré porque la quería hacer mía?" "¿Le grité porque soy una persona que sufre...?" Y si las mujeres siempre hemos oído estos relatos, desde los inicios de nuestra historia escrita y más allá, y se han perpetuado los discursos que eclipsan o justifican la violencia y/o la desigualdad, ¿qué nos queda?, ¿cómo hacemos para quitarnos toda la venda? Porque algunas mujeres hemos tenido acceso a una "contracultura", a un cuestionamiento de estos preceptos y de este marco patriarcal, pero no todas... Y las que hemos visto la luz, aún conservamos en mayor o menor medida parte de la benda. Cuando menos te lo esperas, sueltas algo como "esa tía va de diva", "tal mujer política se merece que la violen", "aquella está malfollada", "a esta otra se le está pasando el arroz", "esta mami no trabaja ni hace nada", "me llevo mejor con los  compañeros hombres porque las mujeres podemos ser muy malas", etc...

Entonces, para quitarnos completamente la venda -ni siquiera lo conseguiríamos volviendo a nacer porque el mundo sigue siendo homo pensante-, hay que cuestionarse prácticamente todas las cosas. Detrás de cada comentario, cada libro, cada película, cada evento, detrás de cada debate político, cada reunión de propietarios de finca, detrás de cada conversación entre mujeres, o entre hombres y mujeres, puede haber machismo encubierto... ¿Os habéis dado cuenta de cuando en un grupo de mujeres se "cuela" un hombre, habitualmente pareja de alguna de ellas, y éste copa la conversación y recibe casi toda la atención del grupo? ¿por qué pasa?, ¿acaso sabe más de los temas de conversación, que nos tiene que explicar a vivir, o cuál es la razón? Pues la costumbre...

Maldita costumbre que nos tiene presas y nos mantiene bajo un paraguas de miedo y desazón. Porque yo puedo considerarme una mujer libre y segura, pero vuelvo a casa en taxi y el sujeto en cuestión se pone pesado y me hace sentir vulnerable -true story, me pasó sin ir más lejos hace un par de semanas, un sábado por la noche, y también hace muchos años en un taxi en Buenos Aires cuando era una cría...; bueno, sentirme vulnerable o insegura, cuando menos incómoda, me ha pasado muchas veces en la vida, y no precisamente porque yo lo motivase ¿o sí?-.

Los hombres también deberían replantearse cada una de las cosas que dicen y hacen. Pero no todos están dispuestos, claro está. Quien tiene privilegios difícilmente quiera perderlos o compartirlos, pues dejan de ser privilegios.

Espero que cada vez haya más hombres que se cuestionen el status quo y que cooperen con las mujeres para que el mundo humano sea más justo. Espero que cada vez más mujeres dejen atrás el pánico a reconocer que son feministas y busquen de verdad alcanzar la igualdad para nuestro género en todas las esferas.

Para quien lo confunda, alcanzar la igualdad no implica querer hacer siempre las mismas cosas. Obviamente una mujer puede jugar a fútbol y hacerlo mejor o igual que un hombre, o bien puede conducir incluso mejor que cualquier hombre, pero hombres y mujeres no somos iguales y nos pueden gustar cosas diferentes. Que no me encante jugar al balón no significa que quiera ser una mujer sumisa.

También, por si no queda claro, no quiero ser infravalorada por el hecho de ser mujer, o por realizar actividades "de mujeres", o por ser de una determinada manera que a la sociedad no le cuadra que sea apropiado para las mujeres. Juntas conseguimos más. Un abrazo a todas las mujeres :-)





viernes, 14 de julio de 2017

A mayor edad, mayor placer sexual


Pilar Jericó, en su blog, nos dice: "La edad en la que experimentamos mayor placer sexual es a partir de los cincuenta y los sesenta, pero solo si somos capaces de entrenar nuestra forma de ver las cosas en dos sentidos. Veamos cuáles".

Si quieres leer el artículo, sigue aquí: 

jueves, 23 de febrero de 2017

“Donald Trump es totalmente consciente de cómo actúa”



“Donald Trump es totalmente consciente de cómo actúa”

Es el título del artículo de Ania Liste, periodista cubana que reside en Miami. En él hace hincapié en la personalidad narcisista de Donald Trump, incluso un experto en psicología lo tacha de psicópata. En el texto, también hay una aportación mía referente a si es posible diagnosticar el trastorno narcisista de la personalidad mediante la observación de conductas.

Aquí podéis leer el artículo completo:





lunes, 23 de enero de 2017

Bimba Bosé: una más que el cáncer se ha llevado


Esta mañana me he encontrado con la noticia: ha fallecido Bimba Bosé, mujer, madre, modelo, cantante..., a sus 41 años, por padecer un cáncer de mama que la ha llevado a la tumba. O a donde sea que hayan acabado sus restos... La verdad es que no he leído sobre ese asunto y la cuestión que ha intrigado mi alma es obviamente otra: una más que el cáncer se ha llevado... O una menos que está aquí para contarlo.

Sabemos de ella porque es un personaje mediático. Es cierto que yo no la conocía personalmente, y su pérdida me provoca cierto malestar no porque vaya a echarla de menos a ella en concreto sino por la desazón de la muerte, especialmente de una mujer joven, específicamente muerta por un cáncer de mama que es algo a lo que también yo me enfrento.

Resulta inevitable establecer algún tipo de comparación, por errática o errada que sea. Tal vez se trate de un (mal) hábito entre los y las supervivientes. A ella le diagnosticaron la enfermedad a principios de 2014. A mí para Semana Santa, ese mismo 2014. Ella era joven y madre de dos hijas de corta edad. Yo soy joven y madre de dos hijos también pequeños. Ella fue una luchadora y según cuentan adoptó una actitud positiva. Yo soy luchadora y creo tener una actitud positiva... Y sigo aquí. Sin evidencia médica de enfermedad. Y aun así el miedo, acallado, clausurado, que guardo en algún recoveco de mi mente, hoy me ha recordado tímidamente que está ahí, latente, y que me dice: “podrías ser tú, ¿te crees tan diferente? ¿o especial?, ¿qué hace que tu caso sea diferente?”.

Lo he reconocido, el miedo. Es un antiguo amigo mío. Bueno, ni amigo ni enemigo. Coexistimos, si bien prefiero no hacerle mucho caso. Prefiero mantenerlo guardado. Es mi Yellowstone particular.

Al rato de leer la noticia me he puesto a cocinar, y a cantar. No sé por qué tarareaba “La gente me señala, me apunta con el dedo, susurra a mis espaldas, y a mí me importa un bledo”. Creo que me ha salido en parte inspirada por la propia vida de la chica Bosé, que además hace poco leí que plantaba cara a la prensa por lo que ella consideraba un mal tratamiento de su enfermedad y de su privacidad. Necesitaba más paz, más calma. Y tristemente fue su última temporada con sus seres queridos, que espero que haya sido rodeada de amor y con momentos de felicidad. ¿Por qué no? Yo soy feliz, siguiendo con las odiosas comparativas, y he podido ser feliz incluso antes de la remisión del cáncer, durante los peores momentos de tratamiento... Pero reconozco que soy más feliz ahora.

martes, 25 de octubre de 2016

El futuro de la gerontología: hacernos vivir 1000 años


 


El científico, gerontólogo (informático, ingeniero y biólogo), Aubrey de Grey nos anima a mantenernos sanos unos años más, quizá 20... Es para cuando espera que la esperanza de vida humana haya alcanzado la ventolera de 1000 años; y a él, basandose en términos estadísticos, le parece una cifra conservadora.

La idea es eliminar el envejecimiento. Dice que el cuerpo humano, como máquina que es, se puede reparar. Pero siempre es mejor actuar sobre un cuerpo sano, es decir, trabajar con medios preventivos, que con un cuerpo ya deteriorado. 

En una entrevista al diario El País también nos habla de cómo podrá vivir este hombre/esta mujer del futuro, por ejemplo comiendo carne artificial producida con células madres -todo un avance para los derechos del reino animal en su conjunto-. Me imagino a unos niños en la escuela, "leyendo" una lección de historia o de medio ambiente en la que se explica que los seres humanos pasaron de la caza y la recolección a la reproducción masiva de animales para el consumo, que podían obtenerse luego en tiendas especializadas en alimentos de origen animal y/o vegetal. "¡Qué incivilizados que eran nuestros antepasados! ¡Qué bestias!, y no hace tanto tiempo..."

El asunto de conseguir que las células se sigan reproduciendo bien y los organismos se mantengan jóvenes se me antoja de ciencia ficción, pero me parece lógico pensar que la ciencia vaya hacia ello -le interesa a mucha gente, supongo-, y pueda conseguirlo, o al menos parcialmente. Ya nos ponemos cremas anti-age, cuidamos el colesterol, mantenemos la mente activa... Sin embargo, éstas son medidas beneficiosas pero que en palabras de Aubrey de Grey no aumentan sigificativamente la esperanza de vida. Introducirnos unas bacterias que se dediquen a eliminar desechos en nuestro organismo, por ejemplo, sí marcaría la diferencia.

Si vamos a vivir más -mi hijo de 5 años se pondrá muy contento, pues reiteradamente pregunta sobre la muerte, cuándo nos vamos a morir, cuánto tiempo podrá vivir tranquilamente con su familia y amigos...-, espero que no sea embarcados en un programa incómodísimo de pruebas y procedimientos médicos -aunque muchas personas firmarían ahora mismo por el elixir de la buena juventud, cueste lo que cueste-.

Otro tema será lidiar con el aburrimiento. Si ya se aburren de vivir tantas personas de edad avanzada, podríamos preveer que el hartazgo pueda verse incrementado. El gerontólogo se avanza indicando que es un problema de educación y de dotar a las personas de habilidades para disfrutar de la vida. ¡Qué bien! Más trabajo para los/as psicólogos/as.

En el siguiente enlace podéis leer la entrevista:

martes, 11 de octubre de 2016

Nou post a La Torre: Aprendre a dir no

Nou post a La Torre: Aprendre a dir no




                    /http://www.latorredebarcelona.com/aprendre-dir-no/

La exigencia, ¿un bien preciado?


Ser exigente con uno/a mismo/a y con los demás es bueno… pero en su justa medida. El conformismo, la resignación en cualquier caso, es lógicamente malo. Pero exigirse siempre el 100% es tener una idea distorsionada de la vida y de uno mismo. Porque no existe ese 100 %. Tarde o temprano te equivocarás, a alguien algo de ti o que has hecho no le gustará…

Buscar el 100%: el mayor error
Por ejemplo, si te presentas al examen de conducir puedes fallar, ¿cuánto, hasta 3 o 4 veces…? ¿Y pretendes no fallar nunca en otros aspectos de tu vida? ¿Como hijo/a, como madre/padre, como cuidador/a, como profesional, como consumidor/a…? ¿Te exiges a ti mismo/a más de lo que se exige en las oposiciones más rigurosas?
Esto en parte ocurre porque nos formamos una idea estandarizada (basada en estereotipos de belleza, productividad, agilidad, etc.) de cómo debemos ser. Qué se esperaría de una persona exitosa en todos los sentidos. Ése sería nuestro Yo ideal. Cuántas más discrepancias haya entre ese Yo ideal y lo que somos, el Yo real, peor autoconcepto tendremos y peor autoestima.
Sería muy beneficioso reformular nuestro Yo ideal, a un Yo realista, y acercarnos poco a poco, con senos y valles, con errores, con tanteos, a ese Yo revisado, aproximándonos desde nuestro Yo real o actual.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Sobre el riesgo de abuso sexual en la infancia

Como mujer, como psicóloga y como madre... no puedo evitar tener muy presente el riesgo potencial en la infancia de sufrir abuso sexual.

Siempre ha sido un tema que me ha preocupado mucho y, como decía, el hecho de tener que estar más alerta por mis propios hijos hace que conviva con el temor de que algo malo pueda pasar. (No sólo en este ámbito, pues el miedo de que tus hijos puedan sufrir o que algo malo les ocurra es inevitable y afecta a todas las posibles facetas de sus vidas. Aun así, la idea es mantenerse consciente pero no paranoica... En fin, cada padre o madre hace lo que puede...)

En el libro de la doctora en psicología Maribel Martínez, «Abusos sexuales en niños y adolescentes», se recoge que el abuso sexual infantil puede llegar a afectar a entre un 15 y 20% de la población, especialmente del sexo femenino, y a pesar de ser un «problema social importante» suele mantenerse en secreto, ya que apenas se conoce un 2% de los casos.

Las cifras son muy impactantes. Sería como decir que en una clase de 26 niños, en el caso hipotético de que cursaran toda la vida escolar juntos, al menos 3-4 niños serían víctimas de abusos sexuales. Si pienso en estos términos y visualizo la clase de p5 de mi hijo mayor me dan escalofríos... Incluso más difícil para mi cerebro es llevar a cabo el mismo ejercicio mental con la recientemente formada clase de p3 de mi hijo menor -¿no son casi bebés?-.

Dentro de la definición de abuso sexual se incluiría todo tipo de coerción, por parte de un adulto o un niño mayor, que obligue a un niño, o niña, a realizar o permitir cualquier tipo de actividad sexual.  

La definición es muy amplia y deja de ser tan útil, por ejemplo, cuando la diferencia de edad entre los niños no es tan acusada, si existen diferencias culturales e incluso en el caso de los matrimonios de conveniencia que amparan las relaciones sexuales con menores...

Otro asunto complicado es cuando la persona que ha sufrido abusos se siente culpable e incluso siente que ha incitado o provocado el acto sexual. Hay quien se "autoconvence" de que consentía y de que quizá tenía una sexualidad muy activa desde edades tempranas... Vaya, todos tenemos una sexualidad visible y activa desde edades muy tempranas (o desde siempre). Freud ayudó a apartar un poco el velo al asunto describiendo las etapas de la sexualidad infantil. Pero, salvando las diferencias culturales -cómo se pueda, si es que se puede-, es prioritario y urgente mejorar la seguridad de los pequeños y las pequeñas y reducir o eliminar esas cifras tan escalofriantes.

Cada caso de abuso requiere un abordaje exclusivo y el objetivo será que se detenga el abuso y se ayude al menor para poder llevar una vida digna y superar el trauma o la mala experiencia... En ocasiones la intervención ocurre mucho tiempo después, incluso en la edad adulta.

Lamentablemente, las personas que han sido víctima de abuso sexual pueden presentar muchos problemas emocionales, de comportamiento, de personalidad... Y algunas no conseguirán curar las heridas. Otras sí, aun habiendo sido víctimas de una violencia sexual brutal y habiendo desarrollado problemas graves de apego y de ira, hasta conductas psicopáticas. Así, el apoyo familiar y la intervención psicológica adecuada pueden mejorar e incluso revertir la situación en casos realmente serios. 

Aquí puede verse un ejemplo de la pequeña Beth, una niña que inició terapia a los 6 años, tras haber manifestado comportamientos psicópatas como por ejemplo abusar sexualmente y con violencia de su hermano pequeño, realizarse autolesiones, matar a animales... Es la historia de una niña adoptada que había sufrido abusos sexuales graves por parte de su padre biológico a muy temprana edad, antes de los 19 meses que es cuando fue adoptada.

Una niña que pudo pasar página y cultivar la empatía y las relaciones afectivas gracias a una interveción integral.

Aquí se puede ver el caso:


Estas historias de superación permiten que tengamos esperanza en la resolución de los problemas por parte de los niños y las niñas víctimas de abusos, pero no deberíamos bajar la guardia y ante todo deberíamos promover relaciones más sanas con los menores y en ambientes seguros.



miércoles, 11 de mayo de 2016

Underparenting? ¿Essooo qué es...?


Acabo de leer una entrevista a la periodista Eva Millet que, a partir de haber sido madre, se ha especializado en temas de educación y crianza; labor que ha derivado en la autoría del libro Hiperpaternidad.

Como suele ser habitual cuando lees un artículo "de opinión", puedes estar de acuerdo con parte de su contenido y, con otra parte, no. En este caso, y al no haber leído el libro que promociona, puedo tener una idea sesgada de sus opiniones; si bien me imagino que la periodista habrá editado su entrevista y coincidirá en gran medida con lo que allí se explica. Así, me tomaré el atrevimiento de comentar algunas de sus máximas, porque a mí al menos me chirrían, la verdad.

1. Dice que hemos pasado de tener "hijos mueble" a "hijos altar", a los cuales veneramos. Que por influencia de los estadounidenses de clases privilegiadas aplicamos una sobreprotección a los hijos que se han convertido en el centro de las familias. Y añade que está bien que sean superespeciales para ti pero que no lo son para todo el mundo y han de aprender esta diferencia.

Bueno, coincido con ella en que los estilos de crianza han evolucionado, y que la manera autoritaria en la que los niños no podían opinan ni incidir en sus propias vidas ha quedado obsoleta. Ya no casamos a los hijos y las hijas en edad de procrear -al menos en nuestra sociedad-, ni decidimos, en general, lo que estudiarán profesionalmente... A mí eso me parece positivo. Todo ello me lo parece. 

Que estén en un altar... A mí también me parece positivo. No hay nada más importante en mi vida que mis hijos, así de claro. Que no son superespeciales para el resto de la gente es de perogrullo. Creo que los niños "chocan" con esa realidad continuamente y la aprehenden a pasos agigantados. No solo en casa si tienen hermanos (la media de hijos por familia es 1,3; pero en muchas casas los peques han de compartir con hermanos, con primos, con amigos... Y es buena idea seguramente que los padres promuevan estas interacciones sobre todo si son hijos únicos). Cuando ingresan en la guardería se encuentran con las difíciles ratios en las que los bebés han de posponer sus necesidades con demasiada frecuencia. Luego en p3..., en primaria..., cada vez la atención personalizada es menor. Y están en el cole un puñado de horas, así que alguna influencia tendrá esto en su educación.

Además, en el parque han de compartir mobiliario y según cómo juguetes, muchas veces al año es el cumpleaños de otra persona, otro niño, que es especial y recibe regalos y atenciones... Con frecuencia quieren querdarse en casa pero han de ir al cole de todos modos. No pueden elegir. En el comedor comen sin duda lo que les toca. Tampoco pueden elegir. En casa habitualmente ocurre igual.

De modo que tienen continuos recordatorios de que viven en sociedad y de que son parte de un universo, no el universo. Pero el egocentrismo infantil existe -y el adulto ya ni digamos...-, y según los teóricos del tema eso es bueno. Ayuda a formar un buen autoconcepto lo que redundará en una fuerte y consolidada autoestima.

Que los niños crean que son especiales en su entorno lo encuentro sano y constructivo. Obviamente teniendo algo de sentido común -que es el peor de los sentidos y en el que menos nos pondremos de acuerdo-.

Y si para Eva Millet es malo "sobreproteger" a los niños, sería algo así como malcriarlos y no permitirles desarrollarse, para mí sobreproteger no es malo, prefiero proteger a mis hijos siempre: no en el parque sí pero en el chiqui park no... Aunque coincido con ella en que hay que darles un margen para hacer las cosas con autonomía, para enfrentarse a los problemas y buscar soluciones, eso sí, en mi caso, opino que con el paraguas del cuidado de sus mayores. "Si puedo y lo necesitas, te ayudo."

2. Habla de la competencia de los "hiperpadres" que quieren tener el mejor coche, los mejores dientes, el mejor niño... 

Aquí no puedo criticar su forma de pensar porque coincido con ella en que las personas compiten por el deseo de cumplir estereotipos y a veces pueden instrumentalizar a los hijos para seguir esa carrera hacia el éxito. ¿Y qué pasa si tu hijo/a tiene un ritmo de desarrollo más "lento"?, ¿y si necesita algún tipo de ayuda o tiene diversidad funcional?, ¿y qué pasa si un bebé no duerme bien por las noches -esto a mí personalmente me martirizaba; al parecer los niños de los demás dormían de un tirón, el problema eran los míos...-?

En cuanto a esto, también comenta la tendencia a obligar a los niños a crecer demasiado rápido y hacerlo todo solos... Si he entendido bien, opino como ella. Está bien dejar a los niños buscar estrategias para resolver los problemas y también está bien ayudarlos y no instigarles a aprender apresuradamente.

Que estamos inmersos en una vorágine de estímulos y parece de juzgado de guardia quedarte un fin de semana en casa... En ocasiones he sentido esa presión.

3. Los hiperpadres intervienen mucho en la escuela.

Estoy de acuerdo en que algunos padres parece "que hayan vuelto a la escuela" y según me he enterado a veces llevan sincronizada la agenda de sus hijos con la suya. Bueno, yo me apunto los días de fiesta o de excursión por la cuenta que me trae. Si me olvido, mal vamos... Pero cuando puedan tener su propia agenda, por edad, espero dejarles cierta libertad.

Pero no coincido en que los padres no deberían escoger escuela, sino que los niños habrían de ir a la que tuvieran más cerca en el barrio. Está claro que la cercanía es un factor importante, pero hay muchas otras variables en juego y, dado que las escuelas no son homogéneas entre sí, que los padres averigüen y elijan -y si tienen buena suerte, luego obtengan una plaza- lo considero altamente recomendable.

No entiendo por qué va a ser un problema. La gente suele destinar tiempo a la búsqueda de un coche nuevo, una moto, unas vacaciones... ¿y no le puede dedicar unos días y unas cuantas horas a la elección de la escuela?

Hace poco leí que corríamos el peligro de segregar las escuelas, porque hay algunas más pedidas que otras. Pero esto no es culpa de los padres que se informan y quieren acceder a una educación determinada, sino a las diferencias notorias entre escuelas y a los problemas de plaza. Quizá esta segregación depende más de la Administración que de la elección de los padres. Si se destinan más fondos a las escuelas que por alguna razón tienen peor fama, y se mejoran en diferentes aspectos, seguramente ya no serían denostadas.

Y en cuanto al estilo educativo, tal vez explicando mejor a los padres la metodología de cada escuela, y siendo más permeables a los cambios en la sociedad, no habría tanta diferencia. De todos modos, a veces cuando "lees la letra pequeña" en muchas cuestiones no son tan diferentes unas escuelas de otras.

4. Estamos criando ñiños L'Óreal, "porque yo lo valgo". 

Prefiero que mis hijos se sientan con derecho a evolucionar, a mejorar, a acceder a lo que les guste, y no que vivan resignados. No me canso de demostrarles lo que valen. Y también les recuerdo que todas las personas tienen muchos talentos y mucho potencial.

5. Propone el underparenting o sana desatención de los hijos. 

Entiendo que a Eva Millet le debe de gustar poner de moda un término que suena tan bien en inglés. Creo que en general se usa el término underparenting como un efecto no deseado de la vida ocupada de los padres, y que se tiene que procurar evitar.

(Aquí un ejemplo: Underparenting)

Para mí "sana" y "desatención" son dos palabras que no combinan muy bien, que no se ensamblan. 

Me parece que es una expresión peligrosa, que puede llevar a la idea de que no hace falta dedicarse tanto a los hijos. Esto concuerda muy bien con tener gloriosas profesiones que nos ocupan gran parte del tiempo y de la energía y dejan poco margen para la educación de los hijos. Y así el underparenting parece una opción cómoda y novedosa, que además resulta beneficiosa para los niños. Lo tiene todo. Todo, excepto el amor incondicional por los niños, el tiempo de calidad (y también la cantidad) con ellos... Dependerá de la interpretación de cada uno, no digo que sea la idea de la autora del libro, pero desde luego da pie a una readaptación de la crianza en pos de mayor autonomía... para los padres.

6. Que la familia no es una institución democrática, sino una jerarquía. Los padres arriba y los niños abajo.

Me parece un modelo anticuado, vetusto. Y pone ejemplos como "¿quieres el Dalsy?". Vale, ya sé que he de dárselo si lo necesita. Pero me he dado cuenta de que el asunto va más sobre ruedas, a partir de cierta edad cercana a los tres años, si les preguntas si están preparados, si les avisas que ahora toca el Dalsy o ponerse un gorro, etc. 

Tampoco me parece exagerado que puedan escoger qué comer, al menos de vez en cuando. Y que haya alimentos que no les guste y que no les obligue a comérselos. 

Queremos hijos "autónomos e independientes" pero que en casa no rechisten y hagan "todo lo que les decimos". Me chirría de igual modo que el vocablo underparenting.

Creo que buscamos teorías psicológicas o educativas que justifiquen nuestro ritmo de vida y nuestras preferencias. Y todo ha de caber en el molde de la 
"hiperproductividad" -la cual creo de todos modos que Eva Millet rechazaría, tal y como se desprende del artículo "Cuando 24 horas no bastan" que ella misma publicó anteriormente en La Vanguardia-. En cualquier caso, la hiperproductividad me parece más enemiga de los niños que la "hiperpaternidad". Aunque, como en casi todo, los extremos no suelen ser la opción ideal.

Aquí os dejo el artículo de la periodista: