viernes, 30 de diciembre de 2011

Glosario: Donde dije "digo", digo "sí"


En estos últimos años he estado desarrollando mejores dotes comunicativas, o al menos eso es lo que pretendo haber estado haciendo, debido en parte al propio proceso de maduración pero también por el hecho de haber estudiado psicología y, en ese sentido, sobre todo a raíz de haber tenido que preparar unos talleres sobre asertividad.

Para mí se trató de un gran reto personal y además me sirvió como curso autoimpartido acerca de este tema. Lo primero que me planteé fue: “¿cómo transmitir a un grupo de personas las técnicas asertivas, para que las apliquen en su día a día, si yo no soy capaz de hacerlo siempre?”. Ahora ya no me formularía la misma cuestión, y no por el hecho de haber aprendido a ser asertiva en todas las situaciones -que quienes me conozcan podrán evaluar-, si no por haber comprendido que “cada uno lo hará lo mejor que pueda”; eso sí, ese límite es subjetivo, por tanto ambiguo, y muy difícil de concretar.

En otra ocasión escribiré sobre la asertividad en general, que podría entenderse como “la capacidad para expresar hábilmente opiniones, intenciones, posturas, creencias y sentimientos”. O también, con mis palabras: “una manera de comportarse y responder a los demás políticamente correcta, respetando los propios intereses y deseos”.

Mi intención al sentarme hoy a escribir no era la de desarrollar este asunto. Más bien me intrigaba una pequeña reflexión, transcurrida en mi mente, sobre las circunstancias en las que puede o convendría aplicarse la asertividad. Éstas serían, por ejemplo: 
  • hacer una petición 
  • recibir o realizar un cumplido 
  • decir que no / denegar una demanda…

Ahí me detengo. Este aspecto en concreto me dio más de un quebradero de cabeza en el pasado. A mí me costaba, y tal vez todavía me cueste un poco, decir que no. Y especialmente me resultaba difícil negarme y quedar libre de culpa, pues este sentimiento a continuación ocupaba parte de mi pensamiento y me hostigaba mientras yo se lo permitiera. Bien, como tenía identificado el problema, me dediqué a trabajarlo chinochano y aún sigo en ese camino.

Pero estos días, observando la conducta de algunas personas de mi entorno, tuve la sensación de que les costaba decir que sí. La rigidez mental, los complejos, la vergüenza, la culpa… actúan como obstáculos para relacionarse con los demás y enriquecerse de distintas actividades y compañías, así como de momentos de entretenimiento, etc. Entonces me puse a pensar en la importancia que yo le había dado, y que mucha gente le da, a aprender a negarse ante las demandas, y lo relegada que quizá quedaba la posibilidad de asentir con más frecuencia.

Es probable que asuste lo incierto, lo irreconocible para nosotros. Que prefiramos quedarnos en un lugar común, cómodo, sin imprevistos ni riesgos. Suele ser saludable, porque evita los peligros. Pero a la vez puede resultar más aburrido, o quizá en cierto modo hasta menos saludable, al fin de cuentas, que la opción de atreverse en mayor o menor medida a lo desconocido.


viernes, 23 de diciembre de 2011

La navidad me deprime



Se sabe que no todas las personas viven con alegría los días de navidad. Por un lado, puede ser cuestión de ideología: hay quien se opone directamente al espíritu navideño, ya sea por falta de creencia religiosa, por crítica a la sociedad de consumo, por no estar de acuerdo con los patrones universales que encasillan el comportamiento de los individuos, homogeneizando todo… En fin, evidentemente existen muchas causas posibles por las que desmarcarse de la euforia generalizada. Por otro lado, la falta de entusiasmo puede estar relacionada con el propio estado de ánimo. En ocasiones, las fechas señaladas actúan como potenciador de los problemas que uno pueda tener.  

Por ejemplo, el hecho de haber perdido a un ser querido en un día circunscrito a las fiestas empaña de algún modo el ambiente festivo. También ocurre que, aunque el familiar o la persona de apego haya fallecido en una fecha diferente, en esta franja de tiempo que se caracteriza por los encuentros familiares puede echarse de menos con mayor intensidad al difunto (o difunta, claro está).

Otro caso que a veces lleva a sentirse deprimido se relaciona con el recuento de los objetivos cumplidos en el año que está finalizando. El 31 de diciembre la gente se hace un montón de promesas, brinda por los nuevos proyectos (cambiar de empleo, dejar de fumar, pasar más tiempo con los niños…). Y llega el mes de diciembre y toca replantearse los objetivos. No haberlos cumplido puede ser motivo de insatisfacción.

Como variante de lo anterior está el recuerdo de un acontecimiento muy duro, triste o desagradable que se haya vivido durante el año en curso, o incluso en un año anterior pero cerca de estas fechas, como una separación, el cambio de vivienda por razones forzosas, una enfermedad o intervención médica, etc.

Asimismo, la persona solitaria, que no tiene un círculo amplio de amigos, o ha ido perdiendo a la familia principal o la tiene lejos, tal vez en esta ocasión del año se sienta desamparada. Pueden incluirse en este grupo las situaciones de rupturas de parejas o de familiares que han discutido y han “partido peras”. En particular, la gente mayor con frecuencia se siente sola cuando es época de celebrar en familia -debido al grado de aislamiento social de algunos ancianos-. Y los padres recientemente separados han de enfrentar la festividad sin sus hijos, o alternándose las celebraciones con su congénere, lo que en gran medida empeora el estado de ánimo.

Luego, hay personas que tienden a compararse con los modelos publicitarios, y no sólo en cuanto a la belleza física o la posibilidad económica, sino también en referencia a la felicidad. Pareciera que todo el mundo ha de sentirse bien y ser feliz en estos días navideños. Quien no posea los recursos económicos para agasajar con manjares, consentir con regalos, disfrutar con alegría de los seres queridos, quizá considere que está haciendo algo mal, que no cumple con las expectativas de su entorno y de la sociedad, que le ocurre algo malo.


En definitiva, las fechas señaladas, como las de navidad, pueden poner el acento en las carencias que una persona tenga –o sienta que tenga- en ese momento y socavar su autoestima y por consiguiente el estado de ánimo.

Pero los extremos son malos. Si bien los ejemplos citados se consideran relativamente “normales”, en el sentido de que resulta habitual que las personas experimentemos este tipo de sentimientos y reaccionemos de manera similar a las cosas malas que nos suceden y que nos han sucedido, el estilo de afrontamiento de las personas es variopinto y juega un papel esencial en cómo éstas se sienten y sobrellevan las problemas.


Una cuestión de actitud

En cuanto a la pérdida de un ser querido, el recuerdo de esa persona puede estar bañado en lágrimas o puede convertirse poco a poco en un sentimiento de dulce añoranza, calidez, como de “hogar”. En los primeros meses, o un poco más de tiempo, suele ser difícil ver la parte entrañable de la pérdida; no obstante, a medida que pasa el tiempo, esta pena puede ir transformándose en un bello recuerdo, realista de cómo era la persona, pero agradable por el valor afectivo que tenía ese ser amado para quien lo echa de menos. A veces resulta útil rendir homenaje al fallecido, ya sea desde un punto de vista religioso, como desde un plano laico y escéptico ante la muerte. Por ejemplo, se le puede escribir una carta contándole lo que no se le había dicho, describiendo los sentimientos, poniéndole “al corriente” de lo nuevo, etc. Un efecto similar se consigue mediante un paseo a un lugar tranquilo (playa, jardín…) para mantener una “conversación” interna con la persona que ya no está.


Si lo que apena es el recuento de objetivos cumplidos, podría tenerse en cuenta por un lado el grado de exigencia personal. Con frecuencia tendemos a presionarnos en exceso con el afán de acercarnos a un ideal que tenemos de nosotros mismos, que no se ajusta a la realidad y que puede que alcanzarlo no esté del todo en nuestras manos, o que el coste sea demasiado elevado. Conviene analizar lo que uno se ha exigido y valorar en consonancia lo que se ha logrado. Por otro lado, es aconsejable no perder de vista que todos cometemos errores; no tiene por qué ser tonto quien dice tonterías, simplemente ha dicho tonterías. Lo que se ha hecho mal no hace a la persona, sino a la acción en la que se ha actuado de forma inadecuada. Si alguien considera que ha tomado decisiones desafortunadas, que no ha sabido reaccionar a tiempo, etc., no debe juzgarse por ello de manera que afecte a su autoconcepto (a cómo se percibe a sí mismo); tiene la oportunidad de mejorar para una siguiente ocasión, de aprender de los errores, de anhelar una evolución, realista, y teniendo en cuenta que puede volver a equivocarse.  

Parecida es la actitud que habría de tenerse ante un acontecimiento trágico. Si lo que la persona padece es el recuerdo de algo que no estaba bajo su control, es importante que no pierda la circunstancia de vista; si no podía evitarse, lógicamente no había nada que uno pudiera hacer para evitarlo. Eso no debería llevar a nadie a sufrir cada mañana de forma catastrófica por la falta de control del ser humano ante los acontecimientos fortuitos. Podría entenderse como una posibilidad de seguir viviendo y construyendo pese a ese azar que alguna vez puede manifestarse en contra de nuestros intereses. Pero no siempre…

Si en el acontecimiento difícil sí que hay parte de "responsabilidad”, una vez más el ejercicio intelectual que ayuda a entenderlo consiste en analizar el problema y detectar lo que podría haberse efectuado de otro modo, y a continuación no regodearse en lo malo, sino aceptarlo y buscar la manera de hacerlo mejor si se vuelve a presentar la situación. Si consiste en algo que aún es modificable, podría convertirse en uno de los nuevos proyectos para el año nuevo -sin dejarse llevar por un entusiasmo exacerbado que sólo pueda abocar a la frustración-.

Cuando el desánimo está provocado por la soledad, las posibilidades dependen de cada caso. Si por ejemplo se trata de una persona aislada socialmente, sin casi familia y/o amigos, podría recurrir a las ofertas de celebraciones colectivas que organizan fundaciones y asociaciones. La gente mayor tiene un abanico de opciones para pasar las fiestas en compañía. Si se trata de gente joven –en mayor o menor medida-, existen también portales de internet, para hacer amigos, que realizan múltiples tipos de encuentros. Apuntarse a un viaje organizado, con guía y actividades en grupo, es otra manera de pasar unos días entretenido. Quizá el quid de esta cuestión consiste en no dejarse llevar por los estereotipos convencionales, difundidos por los modelos publicitarios, que tácitamente sitúan los festejos en el entorno familiar como si otros modelos de celebraciones no fueran posibles... De todos modos, también puede ser un buen momento para hacer las paces con familiares o amigos. Al fin y al cabo, la vida se disfruta más si se comparte.  

Por último, ser feliz durante estas fechas no está escrito en ninguna ley. Lamentablemente, las personas nos enfrentamos a situaciones dolorosas, padecemos, y a veces no nos sentimos bien. Si esto ocurre ahora, quizá éstas no vayan a ser las navidades más felices de nuestra historia personal, y lo más recomendable sería asumirlo, y a pesar de ello procurar poner de nuestra parte para estar algo mejor.











lunes, 12 de diciembre de 2011

Un autoregalo


Estamos en plena campaña navideña, y las calles se han vestido de gala con sus luces y adornos que incitan a comprar regalos y a cantar villancicos. Sí, ha llegado la hora de comprar. Las personas precavidas, o quizá previsoras, o incluso un pelín obsesivas, ya habrán hecho los deberes y tendrán debajo de la cama o dentro del armario unos cuantos productos envueltos para repartir entre sus seres queridos y allegados. Otros estarán haciendo números y recalculando las posibilidades para no quedar tan mal entre sus familiares y/o amigos. Algunos estarán buscando y rebuscando cosillas que se vean buenas, bonitas y baratas… Afortunado sea el que no tenga que mirar precios y esté comprando guiándose por el “espíritu navideño” y el altruismo.

Las navidades también son un buen momento para regalarse algo que uno hace tiempo que quiere comprarse y no se acaba de permitir. O una ocasión casi irrepetible para darse un caprichito. Si estamos metidos de lleno en la ola consumista y no podemos ni queremos evitar comprar, pagar, gastar, abrir presentes…, ¿por qué no incluir un regalo para nosotros mismos? ¿Quién nos conoce mejor? ¿Quién nos va a dar más gusto?

Así como es importante cuidar, dentro de nuestras posibilidades, de los demás, lo es mimarnos y estimarnos a nosotros mismos. Al fin y al cabo, es consigo mismo con quien cada persona pasa más tiempo día tras día.











viernes, 9 de diciembre de 2011

Enfermedad de Alzheimer en la gran pantalla

En este link puede encontrarse una lista de algunas películas en las que la enfermedad de Alzheimer forma parte de la trama principal. Estas historias pueden ayudar a pacientes y familiares a identificar y comprender un abanico de signos y síntomas, de situaciones difíciles de descifrar y afrontar, de malos tragos individuales y familiares...

Quien quiera ahondar en las conductas y las emociones que pueden vincularse a esta enfermedad o similares, que visite: http://www.vidasolidaria.com/noticias/2009-06-16/cine-alzheimer-1638.html

martes, 29 de noviembre de 2011

Glosario: Arousal

Se trata de un concepto utilizado en psicología para medir el grado de activación fisiológica y psicológica de un organismo, según el cual puede definirse y predecirse el desempeño de un individuo en las distintas conductas. 

Como los extremos son malos, tener un arousal sobreactivado o subactivado lleva a un rendimiento poco deseable en las tareas. Si se tiene un arousal en su grado justo, se puede obtener un rendimiento óptimo.

De modo que, cuando una persona está estresada ante una situación determinada, suele tener un arousal elevado que le hace más difícil desarrollar con eficacia sus actividades. A su vez, si alguien se encuentra decaído, aletargado, ve mermada su capacidad para llevar a cabo cualquier cosa que se le proponga.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Y si no quiero hacer nada?


Una mujer me preguntó en referencia a la motivación: “¿Cómo haces para estar motivada cuando te encuentras deprimida y no quieres hacer nada, cuando no te interesa nada?”. Esto fue durante una charla que yo estaba dando sobre funciones cognitivas.

En realidad, solita me metí en ese atolladero, puesto que estaba explicando que en la base de la atención está la motivación. Para prestar atención, para concentrarse en las actividades y poder aprender, recordar, crear…, hace falta estar motivado. Eso nos llevó a hablar del estado de ánimo y de los déficits en la motivación cuando una persona se encuentra con baja eutimia o deprimida. Yo les decía que la depresión es una gran enemiga de la mente, ya que muchas veces quienes sufren un proceso depresivo, especialmente de depresión mayor y aun más cuando se la padece en la senectud (depresión tardía), ven mermadas sus capacidades cognitivas. Suelen quejarse de falta de memoria y de atención, así como de una reducción de las habilidades comunicativas, lingüísticas, etc. En ocasiones, incluso se confunden los signos y síntomas depresivos con la demencia. También ocurre que los pacientes de demencias, en las primeras fases de su enfermedad, pueden deprimirse. Pero eso es harina de otro costal, allí estábamos comentando las secuelas de la depresión en las funciones cognitivas.



Dado que esta situación no es deseable, les aconsejaba que se mantuvieran activos, que alimentaran la curiosidad, el interés por las cosas y por aprender, para no deprimirse y quedarse en casa aislados. Llegados a este punto, la señora de la que os hablaba, me soltó esa interesantísima pregunta. Yo le aseguré que hay que superar la depresión, que hay que actuar. Y ella me respondió: “¿Y si no puedes, no es un círculo vicioso?”. “Hay que romperlo”, insistí. “¿Se puede?”, preguntó ella.

Sí, yo creo que sí. En la charla expliqué que hay que discriminar el tipo de depresión –hace falta un diagnóstico- y el curso y pronóstico. Que a veces es necesario recurrir a los psicofármacos y/o al tratamiento psicológico. Entonces otra mujer preguntó: “¿Qué es mejor, medicamentos o psicoterapia?”. Sobre este tema sí que ha corrido tinta en la historia de la psiquiatría y de la psicología...

Bueno, la verdad es que se había abierto un debate. Y como yo era quien había ido a soltar el rollo, con cara de póquer dije: “Depende, ya que una cosa es sentirse deprimido y otra es padecer una depresión de manual psiquiátrico”. Expliqué que hay personas que necesitan los fármacos para seguir adelante, para paliar el dolor. Otras personas, que se encuentran en situaciones diferentes, pueden trabajar para gestionar sus emociones y mejorar su estado de ánimo. Si se padece una depresión mayor, hay que tomar antidepresivos. Si bien en general es más eficaz combinar la terapia farmacológica con la psicológica. Y si una persona tiene un dolor psíquico, reactivo a un acontecimiento como una muerte, una separación, un despido laboral, etc., tiene la voluntad de mejorar y la química –la propia- le acompaña, probablemente saldrá a flote sin necesidad de pastillas. Bueno…, algo así es lo que comenté y al grupo le pareció bien, me parece. El tema desde luego tiene su complejidad.

Y aún quedaba esa otra pregunta, la que cité al principio sobre la motivación. En realidad, va ligada a todo este embrollo de los psicofármacos y los psicoterapeutas. Sin duda, hay que encontrar la motivación. Algunos mejoran con los medicamentos, otros con terapia psicológica, otros con libros y cds de autoayuda… O con una combinación de todo ello. Ah, sin olvidarnos de las bondades del cura del pueblo, la monja de instituto, los amigos buenrolleros o la familiar que sabe escuchar o sabe opinar y dirigir la vida de los demás. Pero, insisto, existen casos en los que es necesario ponerse en manos de profesionales. La depresión es una enfermedad mental y tiene que tratarse en la consulta de los especialistas. En ocasiones no se padece depresión pero uno se siente triste, decaído, etc., y los profesionales también le aconsejarán. Con profesionales me refiero a psiquiatras y psicólogos. Nadie más debería diagnosticar y decidir el tratamiento. Cada vez más se ocupan de ello los médicos de cabecera, a pesar de tener menos conocimiento sobre este asunto que los psiquiatras y psicólogos  –los cuales se complementan, puesto que los primeros la mayoría de veces no evalúan tan profusamente como los segundos y su intervención suele ser farmacológica, mientras que los segundos se encargan de los aspectos psicológicos de la evaluación e intervención-. En fin, que la evaluación y el tratamiento debería llevarse a cabo por especialistas en la salud mental.

Y como me pongo a divagar y pareciera que pierdo el hilo, regreso al punto de partida que era la motivación. Y cierro: sí que es posible romper el círculo vicioso -aunque en ocasiones resulte mucho más difícil que en otras-, es decir, sí que hay posibilidad de cambiar el estado de ánimo. Y aquí el fin justifica los medios: si se necesita tomar fármacos, los efectos secundarios y adversos se ven recompensados por la mejoría clínica.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Xerrades "Treballem la ment" al CX Espai Sants


Els dies 22 i 24 de novembre (2011) tindran lloc, al CX Espai Sants, les xerrades "Treballem la ment" sobre capacitats cognitives i canvis amb l'edat, on es proposaran exercicis per a treballar la ment, a càrrec de la psicòloga Danielle Molina Stajnsznajder (formadora de Creu Roja). 

Dades activitat:*
Data: 22 i 24 de novembre
Horari: 17:00 a 18:30 h
Adreça: c/ Sants, 339-343 
Telèfon: 93 432 01 89

* Entrada lliure


Obra Social de Catalunya Caixa - CX Espais

Els 45 CX Espais són equipaments socials de CatalunyaCaixa oberts
a la gent del barri, que tenen la voluntat de promoure
respostes innovadores, eficients i solidàries a les seves
necessitats socials i ser un referent en el territori.
Així els CX Espais estaran oberts a persones grans, joves,
infants i altres col·lectius, propiciant la seva participació
i escoltant els seus suggeriments per a impulsar canvis
i millores.

Font: http://obrasocial.catalunyacaixa.com/osocial/redirect.html?link=http://obrasocial.catalunyacaixa.com/CDA/ObraSocial/Home/0,3423,1x1y,00.html




viernes, 11 de noviembre de 2011

Xerrades "Treballem la ment" al CX Espai Provença


Els dies 15 i 17 de novembre (2011) tindran lloc, al CX Espai Provença, les xerrades "Treballem la ment" sobre capacitats cognitives i canvis amb l'edat, on es proposaran exercicis per a treballar la ment, a càrrec de la psicòloga Danielle Molina Stajnsznajder (formadora de Creu Roja). 

Dades activitat:*
Data: 15 i 17 de novembre
Horari: 17:00 a 19:00 h
Adreça: c/ Provença, 192-194 

* Hi ha activitats que requereixen inscripció prèvia (consultar)


Obra Social de Catalunya Caixa - CX Espais

Els 45 CX Espais són equipaments socials de CatalunyaCaixa oberts
a la gent del barri, que tenen la voluntat de promoure
respostes innovadores, eficients i solidàries a les seves
necessitats socials i ser un referent en el territori.
Així els CX Espais estaran oberts a persones grans, joves,
infants i altres col·lectius, propiciant la seva participació
i escoltant els seus suggeriments per a impulsar canvis
i millores.

Font: http://obrasocial.catalunyacaixa.com/osocial/redirect.html?link=http://obrasocial.catalunyacaixa.com/CDA/ObraSocial/Home/0,3423,1x1y,00.html

jueves, 10 de noviembre de 2011

Glosario: Ebriorexia


Se caracteriza por una deliberada abstinencia alimenticia para compensar las calorías por la ingesta de alcohol. También puede implicar atracones con posterior provocación del vómito. Por tanto, es un desajuste asociado a la anorexia o la bulimia. Asimismo puede agravar el problema que una persona tenga con la bebida. En ocasiones se combina con otras drogas, por ejemplo con anfetaminas.

Es más prevalente en mujeres jóvenes y se cree que su origen radica en el culto a la delgadez. Está de moda entre las celebridades, especialmente en el mundillo de Hollywood, si bien aún no tiene entidad como trastorno alimentario.

En general, en las dietas hipocalóricas, ya sean de adelgazamiento o para mantener un peso en concreto, se limita el consumo de alcohol. Lo saludable es, lógicamente, no abusar del alcohol o incluso prescindir de él -aunque hay defensores férreos y algunos estudios que han sabido encontrar algunas ventajas a la típica copa de vino-. Hacer lo contrario: abusar de este tipo de bebidas y no comer o prácticamente no hacerlo a fin de equilibrar la balanza de calorías consumidas, está desaconsejado y, si se convierte en una práctica habitual, puede acarrear serios problemas de salud (en todas sus vertientes, incluyendo la piscológica).

viernes, 4 de noviembre de 2011

Glosario: Efecto Hello Goodbye



A menudo cuando una persona acude a la consulta de un profesional prestigioso, sólo por el hecho de haber asistido -es decir, antes de iniciar cualquier tipo de intervención terapéutica- experimenta una notable mejoría.

Esto puede perjudicar la consolidación del tratamiento psicológico, pues en ocasiones el paciente se siente aliviado y opta por no continuar el proceso terapéutico a pesar de necesitar más sesiones para obtener buenos resultados.    

jueves, 27 de octubre de 2011

A quien no le siente mal hacerse mayor que tire la primera piedra



Con la edad adulta llegan unos cuantos desafíos en la vida que pueden afrontarse de mejor o peor manera en función de cómo sea la persona y cómo se sienta, así como dependiendo del apoyo familiar y social que tenga.

Hay quienes experimentan sentimientos negativos cuando se hacen mayores o cuando toman conciencia de haber iniciado otra etapa de la vida: la vejez. Las personas pasamos por distintas fases, que en la juventud y primera edad adulta se relacionan con la generatividad y productividad (estudios, profesiones, negocios, pareja, hijos...) y, a cierta edad, vemos como aquello que habíamos construido se desmorona o se aleja de nosotros (jubilación, traspasos, fallecimientos, hijos que se independizan...). En realidad, si se está de acuerdo con esta concepción del desarrollo, se tiene una visión pesimista e incluso obsoleta de dicho proceso. Cada vez somos más longevos y, por tanto, realizamos más actividades y nos desenvolvemos en diferentes ámbitos por más tiempo. Si bien a medida que pasan los años se pierden muchas cosas, y a personas, también se dan transformaciones que podrían enmarcarse como positivas y se producen importantes ganancias (un claro ejemplo es el aumento del tiempo libre -que bien empleado aporta grandes satisfacciones- y la proyección de la familia en forma de nueras, yernos, nietos, etc.).

Así, a las explicaciones clásicas del envejecimiento le han aparecido contra-propuestas que nos dan una bocanada de aire fresco y nos invitan a disfrutar del último tramo de nuestra existencia con gafas de color de rosa. En vez de hablar de envejecimiento podemos usar palabras como “crecimiento”, “desarrollo” o “evolución”. En lugar de referirnos a las pérdidas y al deterioro podemos enumerar “ganancias y pérdidas” y citar los “cambios evolutivos”.

Yo estoy de acuerdo con tener en cuenta otros aspectos de la senectud sin centrarnos únicamente en lo que va mal, o cada vez peor. Tampoco me parece muy realista caer en una falsa postura cien por cien positiva que no permita al anciano expresar su dolor y su malestar. Hay algo bueno en quejarse, porque no deja de ser adaptativo por desagradable que resulte para los demás. Si una persona padece de una enfermedad crónica o se siente sola, por citar posibilidades frecuentes en el contexto de la gente mayor, tiene lógica que eso no le guste y le provoque displacer. Se trata de una respuesta natural y normal al daño físico o psicológico que está sufriendo. Ahora, asimismo es adaptativo afrontar las vicisitudes de la vida y poder adaptarse con cierta soltura a esos cambios de escenario.

Cuando alguna persona mayor (ya sea paciente o participante de algún taller de memoria, por ejemplo) me habla de lo mal que lleva el hecho de envejecer, y me cuestiona de forma directa mi grado de comprensión de lo que está sintiendo -porque aún no he llegado a esa etapa de la vida-, yo le respondo que nadie se despierta un día y se mira de repente en el espejo y ve a un anciano. Sí ocurre que te levantas un domingo al mediodía, a los veintitantos, con acidez estomacal y dolor de cabeza debido a la resaca, y con un “mal cuerpo” que no se le suele desear a nadie, y te das cuenta de que ya no eres una adolescente y de que las consecuencias desagradables de una noche de fiesta son más acuciantes que antes. También te despiertas bien temprano un miércoles, y no has pegado ojo prácticamente en toda la noche, y te encuentras irascible y con “mal cuerpo” -¡otra vez!-, porque ya tienes treinta y tantos años y tomas conciencia de que no rindes igual en tus quehaceres diarios, tras una noche de insomnio, que cuando tenías veintialgo... Es decir, poco a poco vas dibujando un autoconcepto que te lleva desde el niño que algún día fuiste, niña en mi caso, hasta la persona adulta en la que te has convertido, y te vas convirtiendo, a medida que transcurren los días y las noches. Cada vez eres más mayor, y esa cana que te preocupó en cierto momento -y que te hizo fruncir el ceño, aunque sólo durante unos instantes ya que recordaste que habías leído en algún lugar que ese gesto facial podía incrementar las arrugas en el contorno de los ojos-, ha dado paso a un pelo grisáceo, menos abundante, que has teñido con ánimos de disimular lo mejor posible el paso del tiempo. 


Además, para que uno fuera capaz de ponerse completamente en la piel del otro y entender su pena con respecto al envejecimiento, deberíamos ser todos clones con un desarrollo casi idéntico y con la misma percepción de los cambios. Sin embargo, cada individuo envejece a su ritmo y con sus peculiaridades. Y la idea que tiene cada uno sobre deterioro o decadencia es muy relativa. Un caso extremo sería el del deportista de élite que tal vez sienta el apremio de hacerse mayor con más intensidad y temor que la mayoría de nosotros. En definitiva, las personas establecen las barreras que dan paso a las diferentes etapas del ciclo vital en edades y estados físicos y cognitivos muy diferentes. Hay quien cumple treinta y se viene abajo y hay quien cumple cuarenta y celebra sentirse jovial y tener tantos proyectos en mente y/o en marcha. Y no olvidemos a los que se quedan varados en la famosa “edad del pavo”.

Y en cuanto a la cuestión del afrontamiento de aquello que nos sucede, es posible adaptarse a los cambios y “reacomodar” ciertas creencias para seguir viviendo. Para no malvivir, sino para continuar levantándonos por la mañana con algo de energía e ilusión. Para no dejar pasar los días, sino para realmente vivirlos.

Un autor pionero en la corriente psicológica constructivista, Jean Piaget, dedicado a la psicología del desarrollo, en especial de las primeras etapas de la vida, propuso en su teoría cómo nos adaptamos los seres humanos a nuestro entorno. Primero, el individuo al percibir algo nuevo lo asimila. De modo que el fenómeno de asimilación tiene lugar en cualquier aprendizaje inicial. Luego, cuando la persona en respuesta a las demandas del medio tiene que reorganizar la manera en que clasifica las cosas, en que comprende el mundo, lo lleva a cabo mediante el fenómeno de acomodación. Así, gracias a estos dos mecanismos de adaptación (asimilación y acomodación) reestructuramos cognitivamente nuestro aprendizaje en el transcurso del desarrollo. Un tercer factor es la equilibración, un proceso que regula la relación entre asimilación y acomodación.

Sin ahondar en la teoría piagetiana ni en las de autores posteriores, podemos quedarnos con la idea de que para aprender y para estar en sintonía con lo que nos rodea es necesario asimilar los estímulos, todo lo que sucede y nos sucede, y acomodar, reacomodar si es preciso, las creencias, las concepciones que ya teníamos establecidas. Estos mecanismos son invariantes funcionales, es decir, que están presentes durante todo el ciclo vital. Sin embargo, la flexibilidad cognitiva puede reducirse; incluso, a medida que acumulamos experiencia paralelamente nos llenamos de prejuicios. Por ello, deberíamos combatir la rigidez mental y provocar a nuestro sistema de creencias para conseguir una mayor flexibilidad cognitiva. No deja de ser, además, una buena estrategia para la salud mental y también para el entrenamiento mental.


viernes, 30 de septiembre de 2011

¿Por qué en el sexo nos atrae lo novedoso?


La sexualidad humana tal vez sea más compleja que la del resto de animales. Sin embargo hay muchos comportamientos y fenómenos que se dan en otras especies a la vez que en la nuestra. Uno, en concreto, puede en ocasiones complicar las cosas, sobre todo a las parejas estables. Es el llamado efecto Coolidge

Se estudió al principio con roedores, gallos y gallinas, y otros animales diversos, y resulta que lo mismo sirven los hallazgos para todos ellos que para los seres humanos.

Consiste en una mayor disposición a practicar sexo ante la presencia de nuevas parejas sexuales. Lo explicaré mejor con un ejemplo. Una mujer, que tiene un compañero sentimental estable, puede que en cierto momento perciba que el tiempo que él tarda en volver a excitarse tras eyacular es mayor que en la época inicial, la de enamoramiento. Pues bien, se sabe que el hombre necesita entre erecciones un descanso para la recuperación completa de la función sexual, o período refractario, y éste varía en tiempo e intensidad entre individuos -también influyen factores como la edad; en ancianos puede ser incluso de semanas...-. No obstante, hay otras variables en juego que suelen modificar el tiempo de espera: los estímulos novedosos. Es decir, puede que tu chico -si eres lectora y te has sentido identificada con el ejemplo-, tarde en “reaccionar” bastante rato tras haber eyaculado cuando hace el amor contigo, pero si hubiese otra mujer en la cama, esperando su turno, la respuesta sexual sería casi inmediata. O bien, en el caso de que él te fuese infiel, y mantuviese relaciones sexuales con otra mujer –u hombre-, el grado de excitación sería significativamente mayor así como la energía sexual para copular durante más tiempo y acortando el margen de espera entre erecciones.

Este efecto, de interesantes repercusiones, se relaciona con la biología del sexo masculino: a ellos, desde un punto de vista evolutivo, les importa más la cantidad que la calidad. O sea, que el hombre tiene tantos espermatozoides -con corta esperanza de vida- que los libera continuamente y, para perpetuar la especie y a poder ser con su prole, necesita repartir su semen por el mayor número de parejas sexuales posibles. La mujer, al tener un número limitado de óvulos -si bien de mayor longevidad que los espermatozoides-, un ciclo menstrual, un embarazo, un tiempo de lactancia, etc., en fin, tanta carga para perpetuar la especie con su prole, ha de elegir, o al menos debería, bien a su compañero sexual; en principio, lo que busca es más calidad que cantidad. Aun así, a las mujeres también les excita lo novedoso, posiblemente para conseguir mayor variabilidad genética entre su descendencia e incluso para asegurarse un embarazo; sin embargo, al no tener período refractario -aunque pueda apetecer un cigarro entre polvo y polvo-, el efecto Coolidge se observa en las mujeres pero en menor medida que en los hombres.


Como dato anecdótico, este efecto debe su nombre a un presidente de Estados Unidos de los años veinte del siglo pasado, Calvin Coolidge, quien al parecer acudió con su mujer a visitar una granja de aves de corral. Cuando la señora vio que había muy pocos gallos pero muchos pollitos, preguntó cuál era la razón. Los granjeros le contestaron que los gallos copulaban muchas veces al día. Ella, irónicamente, comentó: “Deberían informar de eso al señor Coolidge”. Y así se hizo. Entonces el presidente con curiosidad preguntó: “¿Y siempre con la misma gallina?”. La respuesta fue determinante: “No, copulan varias veces al día y cada vez con una distinta”. A lo que él añadió: “Deberían informar de eso a la señora Coolidge”.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Proyecto Gran Simio: una idea, un libro y una organización


¿De qué trata el Proyecto Gran Simio?

La idea es incluir a los antropoides no humanos en una comunidad de iguales, al otorgarles la protección moral y legal de la que actualmente sólo gozamos los primates humanos.

El libro, El Proyecto «Gran Simio». La igualdad más allá de la humanidad, publicado por la Editorial Trotta, Madrid (1998), es el trabajo colectivo de un grupo de científicos e investigadores, que expone un argumento multifacético en contra de la negación de derechos fundamentales a seres que no son miembros de nuestra propia especie, pero que poseen muchas características moralmente importantes.

La organización es un grupo internacional que trabaja para la supresión de la categoría de “propiedad” que ahora tienen los antropoides no humanos y para permitirles una vida digna. En España, el 25 de abril de 2006, su presidente Joaquín Araujo (y colaboradores) lo presentó ante el Congreso de los Diputados. El objetivo de la organización a largo plazo era conseguir una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Grandes Simios Antropoides. Si se consiguiera este resultado, la organización defendería el establecimiento de territorios protegidos para que los bonobos, chimpancés, gorilas y orangutanes pudieran seguir viviendo como seres libres por sus propios medios.

La Proposición No de Ley del Proyecto Gran Simio fue aprobada en el Congreso de los Diputados en junio de 2008 e impulsada por esta asociación a través del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana, Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya Verds. Varias iniciativas de protección de los grandes simios han sido llevadas a cabo tras la aprobación de la Proposición No de Ley con ayuda del Gobierno; además de la conservación de las poblaciones salvajes de los grandes simios, se está invirtiendo en la propia protección de las selvas tropicales, indispensables para combatir el cambio climático y la protección del sistema de vientos planetarios que nace en el ecuador, donde están ubicadas la mayoría de los bosques tropicales.

Tiene apoyo en más de veinte países. Las actividades van desde la educación pública hasta el rescate y la adopción de homínidos encarcelados. Desde la pequeña escala y las intervenciones locales, la organización quiere llegar a trabajar a nivel internacional para ocasionar un cambio trascendental a la vez que bien fundamentado en el estatus de los grandes simios.

El proyecto se suma a otra serie de iniciativas en el mundo que intentan proteger del peligro de extinción a los grandes simios, así como a los animales en general, y el derecho a cierta calidad de vida.

Este tema siempre ha suscitado una gran polémica, tanto en la calle como en los ámbitos académicos. Probablemente en la calle por desconocimiento y, en los ámbitos académicos, porque cada parte defiende su parcela de interés -como suele ocurrir-. De alguna manera, las discusiones enfrentan a creacionistas con evolucionistas, dos mundos incompatibles.

Lo que está claro es que la ciencia avanza y con ella se modifican muchas ideas preconcebidas sobre los seres humanos y el resto de animales. Lo ideal sería mantener fuera de este debate concepciones religiosas que no pueden competir con las teorías científicas. No puede probarse científicamente, al menos hasta hoy, la existencia de un dios ni nada similar. Y no puede refutarse con constructos de fe ningún hecho contrastado empíricamente.

Otro debate, una vez separados ciencia y religión, sería qué limitaciones puede aportar este proyecto a la investigación científica, y aquí otra vez se abre la brecha. Hay investigadores y gobiernos que defienden una amplia investigación con animales, incluyendo los grandes simios, y otros que pretenden limitarla a casos muy concretos –en el caso del Proyecto Gran Simio lo que se exige es que se utilicen grandes simios sólo cuando la experimentación los beneficie a ellos mismos, cuestión ambigua y posiblemente difícil de regular-.

Lo ideal, desde mi punto de vista, sería reducir al máximo la investigación con animales, sobre todo con las especies más inteligentes. Sin embargo, muchas veces se trata también de mejorar las condiciones experimentales. Por ejemplo, en Estados Unidos producen y crían chimpancés para la investigación y en ocasiones tienen grandes excedentes, es decir, ejemplares que deben vivir en cautividad sin necesidad. Es verdad que Norteamérica está a favor de este tipo de investigación y Europa suele preferir los estudios de campo, aunque para algunas investigaciones son mejores las condiciones experimentales en laboratorio y para otras las de campo. Si se trata de conocer las costumbres, por ejemplo, de una especie, subespecie, etc., el estudio de campo resulta más eficaz. Si el objetivo es probar la capacidad de aprendizaje de determinado lenguaje de signos, por ejemplo, sólo puede conseguirse mediante experimentos controlados.

Para mí: sí a espacios protegidos y a la reducción, y máximo control, del cautiverio y a la eliminación total de la tortura. En cuanto a la investigación, me preocupa que no pueda matizarse un poco más. Sí a protocolos éticos rigurosos y a un mínimo de investigación con animales. Sobre el cautiverio, concretamente, creo que en la actualidad algunos zoológicos procuran el bienestar de sus animales incluso creando reproducciones de sus hábitats naturales muy bien diseñadas (como el Zoo del Bronx, de 107 hectáreas, de Nueva York). Tal vez habría que cambiar la concepción de los zoológicos, que éstos fueran más amplios, más reales para la fauna y que tuvieran menos ejemplares; cuestión que preocupa a la mayoría de administraciones de los parques zoológicos. Cuando no haya medios para tener a un guepardo, pues no debería haber un guepardo. Si hay posibilidad de recrear un hábitat relativamente espacioso para los chimpancés, quizá sería beneficioso para la comunidad mundial de chimpancés, puesto que los zoológicos, además de cuidar a sus ejemplares, invierten dinero en campañas de protección y mejora de la vida salvaje.

Ojalá avancemos en este asunto como sociedad, y las próximas generaciones hereden un mundo más justo y en el que hayamos aprendido a vivir en mayor armonía y más respetuosamente con el resto de habitantes de la Tierra.


Quien quiera ampliar información sobre el Proyecto Gran Simio, puede visitar su página oficial: http://www.proyectogransimio.org/index.php



lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Qué es mejor: el ingreso en una residencia geriátrica o la permanencia en el domicilio?


Muchas familias se enfrentan con la necesidad de decidir si ingresar a su pariente (padre, madre, tío...) en una residencia geriátrica, o bien organizar el domicilio de la persona dependiente para que pueda permanecer allí -algunas veces el planteamiento es llevarla al propio hogar de los familiares cuidadores-.

A grandes rasgos, las mayores ventajas de ingresar en un centro residencial serían: contar con un servicio integral (asistencial, médico, fisioterapéutico, psicológico y de estimulación cognitiva, de asistencia social, de animación sociocultural e incluso a menudo de servicios complementarios como podología y peluquería), una red social formada por el equipo y los demás residentes, así como un servicio de hostelería (lavandería, aseo de la habitación, comidas, etc.). En principio, se trataría de la mejor opción para personas con un alto grado de dependencia, en especial si hay deterioro cognitivo. Estas ventajas repercuten más en la persona mayor que ha de ingresar en el centro, pero también lógicamente en las familias cuidadoras, porque libera a éstas de parte de la carga y reduce el tiempo necesario para encargarse del anciano; de este modo, el tiempo que se le dedica a la persona dependiente podría ser de mayor calidad (paseos, juegos, conversaciones amenas...), si bien en muchas ocasiones no ocurre esto porque los familiares poco a poco se desentienden o van ocupando esa disponibilidad que tendrían para el anciano en otras actividades.

También un beneficio, incluido en la opción asistencial, consiste en el servicio médico; remarcable sería la seguridad de tener ayuda en caso de accidente o de empeoramiento agudo de la salud, pues el miedo de muchas personas es permanecer solas con dolor o fallecer sin compañía. En un centro residencial las probabilidades de morir solo son menores y si se necesita asistencia suele obtenerse con relativa rapidez. 


Por último, si bien las residencias no son económicas y en la actualidad es difícil acceder a una plaza pública o concertada, la opción del ingreso en muchas ocasiones se presenta como una solución más barata que permanecer en casa con un alto grado de dependencia y necesidad de cuidados de todo tipo, especialmente si además se ha de pagar un alquiler, o una hipoteca, y teniendo en cuenta el costo económico de contratar a personal especializado; no así en caso de que la familia asuma el cuidado mayoritariamente o de que se “contrate” a personal no cualificado y/o bajo condiciones poco deseables -por desgracia, se dan casos de diversa índole de explotación laboral-.

Los inconvenientes serían: el abandono del domicilio (duelo por pérdida de referencia, muebles, recuerdos que se han acumulado...) así como la falta de un entorno “familiar” tanto en el hogar como en el vecindario, la reducción o supresión del espacio íntimo (pasar de una casa a una habitación y, en ocasiones, a compartir dicha habitación con un extraño), regirse por normas que han sido impuestas por la institución -por tanto, pérdida de autonomía-, el roce de la convivencia con otras personas, ya sea al compartir habitación como espacios comunes (disputas por el uso del televisor, etc.) y, entre otras cuestiones, es posible quedar relegado de la vida familiar.

En cambio, las ventajas más destacables de permanecer en el domicilio serían evitar precisamente los inconvenientes del ingreso en un centro: mantener la familiaridad y el hábitat con los recuerdos, mobiliario, vajillas, etc. de toda una vida, sentirse en casa y cómodo también en el entorno exterior, tener más espacio privado en la mayoría de casos que en una residencia geriátrica, mantener la autonomía y “hacer en casa lo que uno quiera” -incluso probablemente aunque se conviva con familiares-, evitar discusiones con extraños y, en muchos casos, mantener mayor contacto con hijos u otros familiares en parte por la responsabilidad que tienen de organizar el domicilio y las necesidades del anciano.

En cuanto a las desventajas, la más importante sería: no disponer del mismo modelo asistencial integral con el que cuenta un centro residencial -si bien con frecuencia se cubren las necesidades médicas básicas y la asistencia en AVDs (actividades de la vida diaria), es menos habitual cubrir las necesidades de apoyo emocional, estimulación cognitiva, entretenimiento, etc., así como de fisioterapia, podología... a domicilio; todo ello es posible, y sería en ese caso la situación ideal (quedarse en casa con una atención pormenorizada integral), pero se requieren más recursos económicos y también voluntad por parte del anciano y de sus familiares, y para ello suele haber resistencias-. También la persona puede encontrarse más sola si no dispone de una fuerte red social (amistades y familiares con quienes compartir), probablemente se realicen menos actividades de ocio...


Habría muchas más cuestiones que tener en cuenta y, seguramente, dependen en gran medida de cada caso particular. Sin embargo, aquí quedan recopiladas algunas variables que entran en juego en ambas situaciones (residencia y domicilio privado).

Para finalizar, me gustaría enfatizar la necesidad de contar con la figura del psicólogo tanto en una residencia geriátrica como en el domicilio particular. En la actualidad, los centros residenciales públicos o concertados tienen la exigencia legal de disponer de un psicólogo para la atención de los residentes. Los centros privados no están obligados por ley, de modo que en función de la filosofía de la institución optan por integrar a su equipo a un psicólogo o no. Y dado que el objetivo fundamental de este profesional sería el bienestar de los residentes (no sólo la evaluación psicológica y cognitiva, y el seguimiento, sino también apoyo emocional, counselling, por ejemplo un acompañamiento en enfermedades terminales, apoyo a las familias y mediación con ellas, etc.), es altamente recomendable poder acceder a sus servicios al ingresar en un centro, y adaptarse a él, y durante la estancia en las circunstancias que lo requieran. En cualquier caso, si la persona dependiente se queda en su hogar o en el de un familiar que se habilita para tal fin, también resulta muy útil contar con el asesoramiento psicológico y a menudo, sobre todo, si hay deterioro cognitivo, con sesiones de rehabilitación cognitiva y apoyo emocional -en verdad, aunque no se trate de un proceso de degeneración de las capacidades intelectuales, afrontar el deterioro físico, la enfermedad... en definitiva, la dependencia, puede ser difícil y por tanto resultaría conveniente obtener ayuda especializada-.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

¿Así nacemos o así nos hacemos?



Una dicotomía intrincada en la historia de la filosofía enfrenta a los defensores de la herencia con los del ambiente. Los racionalistas (Descartes...) versus los empiristas (Locke...) nos dejaron un legado extensísimo sobre razones a favor y en contra de una u otra postura.

Pero, como concluir en ciencia probablemente sea imposible, seguimos discutiendo el papel del ambiente y de los genes en nuestro comportamiento. La psicología, al ser una ciencia hija -como todas las ciencias- de la filosofía, hereda este debate. Sin embargo, en la actualidad, salvando contextos creacionistas (que niegan la teoría de la evolución humana y otorgan a la creación divina toda la responsabilidad de nuestra existencia y nuestro desarrollo), o entornos de profunda devoción religiosa por encima de la evidencia empírica, lo que se discute estrictamente es el peso de cada una de las dos partes del todo. Hoy se considera que los genes predisponen a ciertos rasgos de personalidad, carácter, incluso orientación sexual, ideología... y que el ambiente influye en el producto resultante. Por ejemplo, heredamos cierta predisposición a la esquizofrenia, pero desarrollar o no la enfermedad dependerá de los acontecimientos vitales y también de otros factores que pueden ocurrir aun durante el período embrionario. En cualquier caso, los estudios con gemelos (idénticos) que fueron separados al nacer y adoptados por familias diferentes apoyan a los investigadores en esta afirmación.

Asimismo los estudios contemporáneos sobre inteligencia humana ponen de manifiesto que habría al menos dos dimensiones diferenciadas: la inteligencia fluida -que depende de la herencia genética- y la cristalizada -modulada por el aprendizaje en general y la formación académica-.

De este modo, encontramos en la literatura científica todo tipo de ejemplos que llevan a la idea fundamental de que nacemos con una información genética relativamente fija -digo relativamente porque el ambiente puede modificar en cierto grado esta información- y que la expresión, la manifestación, de esta base genética depende de las circunstancias en las que se desarrolle la persona.

Yo encuentro especialmente interesante esta concepción, porque integra puntos de vista que como decía han vivido siglos enfrentados. Pero también porque abona el terreno para la investigación y la cooperación entre muy distintas disciplinas humanas: la biología, la medicina, la psicología, la educación, la sociología, la antropología, la historia, las ciencias políticas... Permite la coexistencia pacífica e incluso simbiótica, participativa y solidaria, entre saberes y oficios tradicionalmente lejanos, opuestos en ocasiones, que se complementan, se necesitan y se pueden nutrir entre sí.

Por tanto, a la eterna disyuntiva entre naturaleza y cultura podríamos responder que ambos conceptos forman parte del todo. Ahora bien, como las personas solemos buscar el origen de todas las cosas, y nos preguntamos qué fue primero: el huevo o la gallina, la respuesta la podemos encontrar en las teorías evolucionistas. Si el ser humano y otros animales a los que se les adjudica la capacidad de tener su propia cultura (por ejemplo, a los chimpancés) son el resultado de tantos y tantos años y años de evolución, está claro que la naturaleza está en el inicio y después llega la cultura. Hilando más fino: la cultura es un producto de algunos animales, especialmente del hombre, de modo que podría decirse que la cultura humana es parte de la naturaleza humana.

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿Es normal tener problemas de memoria a una edad avanzada?


Tradicionalmente, estamos acostumbrados a oír que las personas nos deterioramos a medida que nos hacemos mayores. De alguna manera, impera la idea de que nacemos, crecemos y nos desarrollamos pero que, a partir de cierta edad, empezamos a degenerar y que de eso se trata la vejez. Pues bien, aunque en cierto modo perdemos algunas habilidades con los años, también existe la otra cara de la moneda: a edades avanzadas las personas podemos aprender cosas nuevas, recordarlas muy bien y estar incluso en mejor forma física que durante la juventud.

Además, oímos hablar constantemente de los buenos hábitos para vivir el envejecimiento con salud, pero en general la sociedad se centra en la salud física. Los médicos y las instituciones, así como los medios de comunicación, suelen recomendar hacer ejercicio físico y mantener una dieta equilibrada. Ambas recomendaciones son importantísimas, si bien van ligadas a una tercera que no siempre está presente en el discurso: el ejercicio mental.

Quizá creamos que el cerebro ya hace ejercicio “por su cuenta”, puesto que estamos siempre pensando en cosas, realizando quehaceres, hablando… Y es verdad hasta cierto punto. El cerebro nunca "se apaga". La actividad continúa de diferente manera mientras dormimos y reponemos energía para la vigilia. Aun así, no todas las personas ejercitan el cerebro de igual modo, así como no por el hecho de caminar, moverse por la casa, etc., se estén cumpliendo los requerimientos básicos de actividad física.


Por tanto, es interesante tener esto en cuenta para que cada uno identifique los cambios que le suceden, a medida que pasan los años, en los procesos intelectuales, sobre todo en la memoria, los acepte y pueda extraer el máximo rendimiento de las propias capacidades. También es conveniente pedir ayuda externa, de las personas que nos conocen y de los profesionales, para discernir si el decremento de la memoria es el normal para la edad o de si se trata de algún proceso patológico. Esto es crucial, ya que todavía existe cierta pasividad cuando se trata de explorar el estado cognitivo de la gente de edad avanzada por considerarse que el envejecimiento conlleva pérdida de las capacidades. También porque las demencias en la actualidad no tienen cura... Sin embargo, si una persona de por ejemplo 80 años puede vivir alrededor de 6 a 8 años con cierta calidad de vida y esto se le impide al no poner a su abasto los recursos necesarios, estamos tratando injustamente, como sociedad y como facultativos, a los pacientes de la tercera edad. De algún modo, sigue habiendo discriminación hacia los ancianos, por ejemplo en este tipo de toma de decisiones.

Yo aconsejo que si un familiar sufre pérdidas de memoria acusadas, se desorienta, se desconcentra con facilidad, etc., se le ayude a pedir asesoramiento. Recomiendo que pida evaluación psicológica (neuropsicológica) además de la neurológica. Si alguien que cree que está sufriendo cierta merma de memoria o en general de sus habilidades cognitivas, está leyendo este texto, le sugiero que pida una exploración médica que incluya la derivación a un psicólogo, que realizará la evaluación neuropsicológica, para diagnosticar correctamente y poder atajar el problema de forma precoz. Cada año que pasa los procesos degenerativos avanzan y atrofian en mayor medida el cerebro de quien los padece y, al tratarse de enfermedades con un claro matiz temporal, el calendario puede ser un gran aliado si no lo perdemos de vista y utilizamos fármacos que pueden llegar a detener o enlentecer la evolución de la enfermadad. Asimismo, la estimulación cognitiva se convierte en el arma principal contra la degeneración neuronal. Por tanto es fundamental ejercitar la mente si se padece deterioro cognitivo pero también como profilaxis durante todas las etapas del ciclo vital.