lunes, 5 de noviembre de 2012

"El negro" de Rosa Montero


La entrada "Galletitas" de Jorge Bucay (http://www.psicologiadecafe.com/2012/10/un-cuento-de-jorge-bucay.htmlpuede complementarse a la perfección con este relato, en principio verídico, de Rosa Montero (publicado en su columna de El País del 12 de enero de 2012).

El negro:                        
Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida  corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".


Rosa Montero

domingo, 21 de octubre de 2012

Un cuento de Jorge Bucay


Me permito citar textualmente un cuento de Jorge Bucay que he utilizado en una formación para ahondar en las habilidades sociales, la comunicación, la asertividad... En general, también ilustra una singular  gestión de emociones. Es un cuento simple y muy gráfico, de ficción pero absolutamente posible.

Su título es "Galletitas" e invito a quien quiera a su fácil y reveladora lectura:

A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa. 

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente. Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita. La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido. Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. " No podrá ser tan caradura", piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.

Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.

- ¡Gracias! - dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.

- De nada - contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.

El tren llega. Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: "Insolente".

Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas... ¡Intacto!


Jorge Bucay

sábado, 6 de octubre de 2012

Día Mundial de la Salud Mental


El 10 de octubre de 2012 se celebra el día mundial de la salud mental

"(...) se sensibiliza al público acerca de los problemas de salud mental y se fomenta el debate franco sobre los trastornos mentales y las inversiones en servicios de prevención, promoción y tratamiento. El tema de este año es La depresión, una crisis mundial.
"La depresión afecta a más de 350 millones de personas de todas las edades y en todas las comunidades, y contribuye de modo significativo a la carga mundial de morbilidad. Se dispone de tratamientos eficaces contra la depresión, pero el acceso a ellos es problemático en la mayoría de los países, y en algunos solo lo reciben menos del 10% las personas que lo precisan." (OMS http://www.who.int/mediacentre/events/annual/world_mental_health_day/es/index.html)

sábado, 25 de agosto de 2012

Glosario: Metáfora del walkman

Hace unos años leí una referencia a esta metáfora utilizada en psicoterapia para mostrar un comportamiento reiterativo en las relaciones de pareja, o en las discusiones con la pareja.

Tal vez ya no sea muy gráfica teniendo en cuenta que prácticamente nadie lleva walkman. Aun así, me ha venido a la mente y por eso paso a explicarla:

Se trataría de cuando cada miembro de la pareja recrimina al otro/a y pide cambios de actitudes, de comportamiento, etc., y la otra persona dice que lo intentará o que lo hará, o bien se niega a querer cambiar... Y viceversa, el otro/a le dice al uno/a lo que debería modificar, etc. Este discurso, a veces en forma de diálogo y otras veces en forma de monólogo, se "graba" en nuestro archivo mnésico y reaparece en cada ocasión que la pareja discute o sufre desaveniencias. De modo que se asemeja a una grabación guardada en algún habitáculo al que se aprieta play para volver a escucharla sin necesidad de acotar, ni acortar nada, así como tampoco de reflexionar demasiado en el contenido.



jueves, 2 de agosto de 2012

Al buen tiempo buena cara

Hemos entrado en el mes más estival del año. El calor es evidente, excepto en algunas regiones noroccidentales de la península ibérica.

Si bien hay quienes quieren huir del agobio de las altas temperaturas y buscan actividades refrescantes o directamente optan por desplazarse a lugares más fríos, España entera se ve repleta de "guiris" durante los meses más calurosos, la mayoría de los cuales provinientes de zonas menos soleadas del planeta. Aquí también los residentes -nacionales y no nacionales- aprovechamos la temporada acercándonos a la playa, quedando con amigos en terracitas, dando largos paseos, etc. Aunque en ocasiones nos moleste el calor apremiante, especialmente al mediodía, solemos estar encantados de vivir en una parte del mundo en la que toca el sol, ¡y nos da de lleno!



Y estar encantados implica cierto grado de satisfacción, en parte modulado por factores psicofisiológicos que intervienen en la ecuación del estado de ánimo. En nuestro organismo tiene lugar un cambio hormonal característico: 

  • Se incrementan los niveles de serotonina (hormona/neurotransmisor que regula el estado de ánimo). Así, las personas suelen sentirse más activas y de mejor humor. 
  • También aumentan los niveles de melatonina, hormona que entre otras funciones regula los ciclos del sueño. Puede que nos levantemos más despejados a pesar de haber dormido menos horas. 
  • Por último, se incrementan los niveles de testosterona en sangre, hormona que entre otras funciones interviene en la líbido, circunstancia por la que tiende a aumentar la actividad sexual durante el verano.


Todo esto se traduce en beneficios físicos y psicológicos. Las personas se sienten más enérgicas, caminan con mayor frecuencia, realizan más ejercicio, la alimentación suele ser ligera y equilibrada, en general se beben muchos líquidos; es decir, se mejoran los hábitos. También se intensifican las dietas de adelgazamiento para "lucir palmito", hay quienes se ven más guapos y actúan de forma más arrolladora, etc. El hecho de poder hacer vida en las calles alegra las ciudades, o los pueblos, anima a la gente a relacionarse más con vecinos y amigos, lo que lleva a despreocuparse de los problemas cotidianos o profundos que se padezcan... Obviamente influye que oscurezca más tarde... En fin, existen muchas razones por las cuales se vive con agrado esta estación del año. Sobre todo la disfrutan aquellos que hacen vacaciones de algún tipo o disponen de tiempo libre. Por tanto, aunque se tengan motivos para estar mal, para angustiarse, lo más adaptativo consisitiría en "subirse al tren de la buena fortuna", en seguir la corriente a la muchedumbre que va y viene con felicidad.

La vida parece más fácil si se está de buen humor y se tiene la actitud de querer disfrutar de los buenos momentos, y para ello es asimismo importante propiciar esos buenos momentos. Buscar entretenimiento, salir con familiares y amigos, compartir grescas y cenas, realizar actividades físicas, etc. Lo que a cada uno le interese y le plazca para pasarlo medianamente bien, o muy bien, en el día a día.






jueves, 21 de junio de 2012

Actividad cerebral en estado vegetativo

He pensado que era una buena idea colgar este link en mi blog. Por un lado, porque creo que es una noticia fascinante y que puede abrir una ventana importantísima a la investigación de los estados bajos de conciencia, el estado vegetativo, y también de la eutanasia, la muerte digna, etc... -comunicarse con los seres queridos podría resultar la manera de preguntarles qué esperan de nosotros y del personal asistencial-. Por otro lado, me ha parecido fiel a mis principios bloggeros, puesto que supe de esta investigación nada más y nada menos que conversando el pasado sábado, de forma más que amena, con dos amigas y colegas de profesión en el Bar Estudiantil de Plaça Universitat. No tomábamos café, ya que el calor invitaba a otras bebidas más refrescantes, pero prácticabamos el sano placer de la charla y del debate "intelectual". 

Gracias a una de ellas, que es neuropsicóloga, estuvimos hablando de estos temas. Así que comparto la revelación, no tan nueva pero aún muy viva, con quien quiera leerla y/o comentarla:


martes, 19 de junio de 2012

Entrenar nuestra inteligencia emocional: pedir disculpas

En ocasiones nos equivocamos en la forma de comunicarnos o comportarnos con las personas de nuestro entorno, y esto puede provocar sentimientos negativos, o contradictorios, y disminuir nuestro buen ánimo. Lamentablemente la manera en que actuamos y nuestras "malas palabras" pueden hacer daño a otras personas y dolernos a nosotros mismos. Es una pena que no seamos capaces de reaccionar mientras está ocurriendo, y que nos dejemos llevar por la ira, el rencor o la inercia de una mala conversación. Quizá haya situaciones en las que sea mejor liberar esa tensión acumulada y no se encuentra un modo menos perjudicial o demoledor de hacerlo. A pesar de ello, si se ha llegado a ese punto, tal vez lo mejor sería recular o, simplemente, pedir disculpas cuando sea posible formular las palabras sin que suba la temperatura corporal. Preferiblemente pronto que tarde...

Siempre, o al menos casi siempre, se está a tiempo de enmendar nuestros actos y de prepararnos para hacer mejor las cosas cuando se nos presente la próxima oportunidad.

Por fortuna, el ser humano tiene grandes opciones de aprendizaje y no necesariamente ha de tropezar con la misma piedra, y además quizá no sea tan grave caerse alguna vez más si eso nos ayuda a por fin comprender la situación y nos entrena para, llegado el momento, no volver a tropezar.



viernes, 25 de mayo de 2012

Sobre la psicología clínica

Pregunta: ¿Sabes cuántos psicólogos clínicos hacen falta para cambiar una bombilla?


Respuesta: Sólo uno, pero la bombilla ha de querer cambiarse...



martes, 8 de mayo de 2012

En adultos mayores la precisión prima sobre la velocidad

Un estudio interesante sobre cómo algunas funciones cognitivas no sólo no se atrofian por el simple hecho de envejecer, sino que pueden mejorar en cierto sentido.

http://noticiasdelaciencia.com/not/3398/los_ancianos_pueden_ser_tan_rapidos_como_los_jovenes_en_algunas_tareas_mentales/

P.D.: Desde mi punto de vista, si bien encuentro prometedor este tipo de estudios, y recomendable la lectura del artículo, considero demasiado sensacionalista lo que en él afirman de que la comunidad científica tiende a considerar que todas las funciones cognitivas, con la edad, se ven mermadas por igual.

miércoles, 18 de abril de 2012

Carta de una madre a su hija


He recibido por email esta carta, para mí anónima -pido disculpas a su autor/a en caso de que le disguste que la publique, aunque asumo que su intención era difundir el mensaje-. Me ha parecido muy emotiva e interesante para inducir a la reflexión sobre los cambios que puede comportar el envejecimiento de nuestros seres queridos, así como la comprensión y paciencia que ellos requerirán en el caso de ver mermadas algunas de sus capacidades.


Carta de una madre a su hija:

Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme. Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor. Y recordar los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida. Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña. Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada. Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida. El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches. Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos. Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor. Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija . . . por siempre, ¡¡tu mamá!!






martes, 17 de abril de 2012

Diferentes usos de la tecnología de los móviles


Algunas aplicaciones de los teléfonos móviles pueden resultar muy útiles a los pacientes y familiares de Alzheimer y otras patologías a su vez limitantes. Cuando se trata de cubrir las necesidades de un enfermo de demencia, toda ayuda puede ser digna de tener en cuenta.

En el siguiente link se dan a conocer de forma sintetizada algunos programas existentes para mejorar la calidad de vida de estas personas:

http://www.alzheimer-online.org/mnoticias.php?ano=2012&mes=4&id=845

viernes, 23 de marzo de 2012

Introspección: por qué lo habré hecho...

No hacer en general lo que los demás quieren que uno haga si uno no quiere hacerlo...

Cada vez está más de moda la asertividad -ya definí este concepto y lo comenté superficialmente en una publicación del 30 de diciembre titulada «Donde dije "digo", digo "sí"» (http://www.psicologiadecafe.com/2011/12/donde-digo-digo-digo-si.html) -. 

Lo cierto es que en general las personas queremos ser coherentes con nuestros deseos y nuestras intenciones, y no dejarnos manipular por el entorno. Sin embargo, en muchas ocasiones ocurre que, sin saber muy bien cómo, acabamos "doblegándonos" y haciendo lo que los demás quieren que hagamos aun sin tener ganas de hacerlo. Esto a veces sucede porque valoramos las ventajas y desventajas de nuestros actos y decidimos ceder, ya sea para un bien común, para complacer al otro, para quedar bien... 

El problema radica en la disonancia: en sentirse mal por haber actuado de una manera determinada cuando se quería actuar de otra. Y es en ese contexto donde cobra importancia la asertividad, donde es importante conocer las técnicas y mostrarse hábil en la comunicación para de algún modo protegerse y ser fiel a los propios designios.

Un buen ejercicio consiste en ahondar en nuestra historia personal y buscar ejemplos de situaciones en las que no se ha querido hacer algo pero se terminó haciendo, y esto desencadenó cierta frustración. Es interesante detectar estas anécdotas, incluso si no parecen casos graves, y reformularlas teniendo en cuenta lo que uno quería que pasara.

Así, siguiendo dicha línea introspectiva, podríamos citar el siguiente conflicto de intereses:

  • Un viejo amigo, con el que había perdido el contacto, organizaba una reunión para celebrar su cumpleaños. Yo no quería ir. Pero él me invitó y parecía ilusionado con mi asistencia.
  • ¿Qué ocurrió? Acudí a una fiesta de cumpleaños sin que me apeteciera en absoluto; incidió en mi respuesta, por un lado, que se trataba de un amigo de hacía muchos años, al que apreciaba, si bien ya no teníamos mucho en común (ni gustos ni intereses) y, por otro, el hecho de saber que la mayoría de sus invitados no irían.
  • ¿Qué podría haber ocurrido? Podría haberle explicado con tacto que no me hacía gracia la reunión (que ya no habría amigos de los dos, que no tenía ánimos de celebración...) y haberle propuesto una alternativa, como vernos en otro momento. 


Se trata, lógicamente, de un ejemplo sencillo y que no representaría un gran problema para nadie; es decir, aun en el caso de asistir sin demasiada motivación, sólo se trataría de una horas y el asunto quedaría liquidado. Pero en la vida se van acumulando situaciones embarazosas en las que uno se siente como un extraterreste ("¿qué hago yo aquí?") y tal vez no vale la pena pasar por ellas. Quizá sí que en circunstancias especiales se decide ceder y hacer feliz a otra persona, pero esto no debería ser así en la totalidad o casi totalidad de ocasiones. Tendrían que primar las situaciones que nos complacen a nosotros mismos porque, si uno realiza este ejercicio introspectivo, y la lista de casos en los que se ha actuado sin ganas es muy extensa, probablemente tenga problemas para decir que no, para ser coherente con sus sentimientos y deseos, etc. Y eso sería poco asertivo, pero, lo que es peor: seguramente perjudicial para el autoconcepto y el propio estado de ánimo.
























miércoles, 7 de marzo de 2012

Cuanta más crisis y más vulnerabilidad social, más necesidad de atención psicológica


Mucha gente acude a su médico de cabecera y se lleva en el bolso o en el bolsillo, tras unos minutos de visita al doctor, una receta para psicofármacos.

Ayer antes de dormir leí un artículo sobre el diagnóstico y tratamiento de la depresión en Atención Primaria. Y corroboré la impresión que ya tenía sobre este asunto. Hay mucha gente que acude a su médico de cabecera y se lleva en el bolso o en el bolsillo una receta para psicofármacos, especialmente para paliar la ansiedad o la depresión en sus múltiples expresiones y posibilidades. El problema radica en que precisamente hay variedad de sintomatología, y de abordajes terapéuticos, y que los médicos de cabecera ni cuentan con el tiempo ni la formación adecuada, en la mayoría de casos, que requiere la complejidad de la situación vital de cada paciente. De modo que tienen lugar muchos falsos positivos y negativos, es decir, que personas decaídas se medican “de más” y otras personas con una patología depresiva real no quedan bien encaminadas ni en la medicación ni, sobre todo, en la intervención psicológica, puesto que se realizan comparativamente muy pocas, poquísimas, derivaciones a psicología.

Yo lo considero una pena, puesto que este bucle de desinformación y mala praxis repercute directamente en la calidad de vida de un gran número de personas (pacientes y familiares, compañeros de trabajo, etc). Con frecuencia la consecuencia es que los pacientes empeoran y se ven truncadas sus vidas (relaciones de pareja, conflictos laborales…).

Tal vez habría que aumentar el conocimiento de los profesionales de la salud que atienden a las personas que refieren este tipo de quejas. Y también deberían mejorarse las formas de preguntar, no sólo en la entrevista, tan reducida en tiempo, como en los test o cuestionarios –hay algunos instrumentos de medida de aplicación muy resumida y de importante valor diagnóstico-. Si bien lo ideal sería que se derivaran todos los casos presumiblemente de psiquiatría / psicología a los especialistas, o sea, a los psiquiatras y psicólogos -no únicamente a los psiquiatras, porque entonces solucionaríamos este error a medias-.

Sin embargo, tan inmersos como estamos en la fatídica crisis financiera y social –porque entre los recortes y la falta de empleo este conflicto es cada vez más social por encima de la economía-, reivindicar esto es como ir a la revisión de un examen académico con un 2,5 y suplicar un aprobado. Pero con la excusa de que no es buena época, la verdad es que nunca acaba siendo buen momento para pedir nada institucional en términos de mejorar la atención psicológica en el sistema público, así que yo voy a ser como los ecologistas que abogan por la no extinción de especies protegidas, o no protegidas, en peligro de desaparecer o de que se empeore su calidad de vida, y voy a seguir insistiendo en las necesidades sociales, especialmente en las que están relacionadas con la psicología, para no perder la costumbre y para seguir sintiéndome cómoda con mi ideología y mi manera de ver el mundo –o de pensar, proyectar, el mundo-. Además, cuanta más crisis y más vulnerabilidad social, más necesidad de tener acceso a atención psicológica.

lunes, 6 de febrero de 2012

Alimentación del bebé libre de papillas


En este vídeo el pediatra Carlos González da información sobre cómo iniciar a los hijos en el proceso de la alimentación complementaria, es decir, cómo realizar el paso desde la lactancia hasta la alimentación con productos no triturados, de una forma saludable y agradable, sin presiones por parte de los adultos ni malestar por parte de los más pequeños.

El método no es revolucionario, simplemente es natural y tiene sentido.

Yo empecé a dar alimentos a mi bebé de la forma "que toca", o sea, con papillas. Lo hice de un modo gradual, intentando no obsesionarme. Fui afortunada porque encontré a un pediatra simpático, con cordura, que me dijo que si daba pecho no era necesario correr, que podía presentar la comida al bebé sin agobios... Pero a los ocho meses ya le pareció que iba ¡un poco lenta! Sólo un poco, aunque hacía falta insistir más. En la seguridad social la pediatra no me habló de esto -ni casi de nada de lo que se pudiera hablar-, pues es la enfermera quien lleva la agenda de alimentación -agenda, nunca mejor dicho-, y a los siete meses me echó bronca, literalmente, por no estar siguiendo a rajatabla el calendario. "¿Quieres que tu hijo tenga una anemia? Necesita más proteínas...". Y se trataba de un bebé que superaba en algo más de un percentil el peso de media para su edad. Extrañada por lo de las proteínas, me fui indicándole que me asesoraba un médico privado.

Aun tuve suerte, e incluso así me empecé a obsesionar en cierto grado con los horarios y el apetito. Paralelamente recibía todo tipo de críticas del "ala dura" de mi entorno acerca de la falta de control de los tiempos y mi mal hacer en general (tener al bebé en nuestra habitación a punto de cumplir un año, acostarlo tarde para esperar a mi pareja, seguir dándole el pecho...).

Total, que ya le habíamos dado alguna vez un trozo de carne -que se le había atascado- o de galleta -que comía con caras extrañas pero repetía-. Y no sé ni cómo nuestro hijo nos dio una lección, a su padre y a mí, y un día, y otro, y otro, le empezamos a dar lo que pedía: trozos de comida para que el chiquitín eligiera directamente qué se llevaba a la boca. 

Quizá ya habíamos leído algo sobre el tema, aunque no teníamos nada claro, y desde luego otras formas de alimentar nos parecían alternativas, y por alguna mala asociación, "radicales", "con poca evidencia empírica". Pero la intuición pudo más que lo reglado. Y también cierto conocimiento del cuerpo humano, su fisiología y su evolución, y había cosas que no nos cuadraban, como la insistencia de alimentar a una personita diminuta, sin dientes, con alimentos que en la naturaleza no podría ingerir sin nuestra ayuda -y la del túrmix-. Así fue como nuestro bebé nos ha brindado otra oportunidad en esta materia. Ahora le servimos diferentes cosas (zanahoria, macarrones, pollo...) y él come lo que quiere. No suele ser mucho, pero es algo, y sin duda tiene bastante. Ya parecen gustarle mandarinas, plátanos, manzanas, galletas, panes, carnes, legumbres, macarrones, tallarines... ¡Y leche!

A partir de que el bebé nos lo pidiera y nos guiara en la introducción de alimentos, para que nosotros lo pudiéramos guiar a él teniendo en cuenta sus deseos, hemos buscado información sobre destete y nos hemos tranquilizado mucho. Es más, nos arrepentimos en cierto modo de cómo empezamos su aventura con la comida. Pero de todo se aprende. Y ahora los tres disfrutamos más el momento de sentarnos a la mesa. Ah, y a mi hijo no le gusta ponerse babero -detalle que no pasa desapercibido a ningún observador de la colada, por más corto de vista que pueda ser el observador, digamos alguna de las abuelas, por ejemplo-.

El movimiento de referencia se llama Baby-Led Weaning (BLW, algo como alimentación complementaria dirigida por el bebé). Y el siguiente link explica en qué consiste y aporta buenas ideas para quien esté interesado en otras formas de dar de comer a su hijo: http://www.babyledweaning.es/2011/08/blw-que-puedo-darle-de-comer.html. También puede ampliarse información con el libro Mi niño no me come, de Carlos González -que aún no he leído, pero sí que he "devorado" otra obra suya, Bésame mucho, y la recomiendo especialmente-.







lunes, 23 de enero de 2012

Tómate tu tiempo

Cuánto mejor es tomarse las cosas con calma y vivir la vida sin recurrentes ajetreos...

Cuando tenía veinte años y trabajaba en edición de libros, me encargué de la realización editorial de una obra titulada en castellano Toma tu tiempo. Su autor, Eknath Easwaran, es un maestro indio afincado en California (Estados Unidos). En aquella época, yo había leído muy poco sobre filosofía india y, si bien no comparto su punto de vista claramente espiritual, ni soy persona fácil de convencer, me agradaron varios de sus consejos –tanto por su simplicidad como por su capacidad para cambiar las cosas-. Y aunque esto lo tendría que matizar, tal vez acotando el efecto a “algunas pequeñas cosas”, no está mal encontrar formas sencillas de provocar cambios en las personas, en las relaciones entre éstas, etc.

Como ahora tengo algo más de treinta años –sólo un poco más…-, y existe la curva de olvido, no recuerdo muchos ejemplos del libro. Sé que exponía también la necesidad de prestar atención a lo que se hace, ocupándose de una cosa por vez, la de darse tiempo para mejorar la interacción con los demás, la de encontrar el equilibrio... Sin embargo, mantengo vívida la idea de tomarme las cosas con cierta calma. Es verdad que si vas apresurado es mejor no correr.

Un ejemplo entre esas páginas retrataba una situación cotidiana en la cola de una oficina de correos, donde todos parecían estresados, y un hombre inquieto, que se encontraba detrás del autor, le resoplaba a este último en la nuca. Easwaran recomendaba tener paciencia a quien actuara de esa manera y comentaba cómo le había cedido el turno a aquel disgustado individuo, indicándole que él sí tenía tiempo. De este modo, el otro se distendió y, al final, la cordialidad se fue difundiendo y la gente estaba más relajada.

Me acuerdo especialmente que recomendaba tratar a los demás con respeto y, para decirlo sin vestiduras, con buen rollito. El buen rollo genera buen rollo, así como la agresividad suele desembocar en más agresividad.

Quizá este tipo de ejemplos puedan parecer banales, pero a mí el discurso de Easwaran en su momento me caló hondo. Y cuando soy poco asertiva o me “mosqueo” en situaciones similares (salas de espera, vagón del metro…) en ocasiones recuerdo la idea que quería transmitir el libro, y otras obras u otros comentarios de personas que he ido acumulando en algún habitáculo de mi memoria emocional, y hago un esfuerzo por tomarme las adversidades y hostilidades con mejor humor.

Con frecuencia, es cuestión de tener presente que uno quiere estar bien, dichoso, y que los agobios y las malas vibraciones de la gente no le afecten. Y al ser consciente de esto, hay mayores posibilidades de contrarrestar esa negatividad y seguir sintiéndose bien a lo largo del día.   

De igual modo, en la actualidad soy madre y dedico tiempo, ampliamente, a mi bebé. Y me doy cuenta de que mi manera de ser y estar con él se caracteriza por la paciencia, incluso la lentitud. Nuestros momentos pocas veces se ven trastocados por el horario ajeno, y puedo decir que con él suelo tomarme todo el tiempo del mundo. Como dice una canción de Los Piojos: “Mil relojes no marcan las horas como vos”.