lunes, 6 de febrero de 2012

Alimentación del bebé libre de papillas


En este vídeo el pediatra Carlos González da información sobre cómo iniciar a los hijos en el proceso de la alimentación complementaria, es decir, cómo realizar el paso desde la lactancia hasta la alimentación con productos no triturados, de una forma saludable y agradable, sin presiones por parte de los adultos ni malestar por parte de los más pequeños.

El método no es revolucionario, simplemente es natural y tiene sentido.

Yo empecé a dar alimentos a mi bebé de la forma "que toca", o sea, con papillas. Lo hice de un modo gradual, intentando no obsesionarme. Fui afortunada porque encontré a un pediatra simpático, con cordura, que me dijo que si daba pecho no era necesario correr, que podía presentar la comida al bebé sin agobios... Pero a los ocho meses ya le pareció que iba ¡un poco lenta! Sólo un poco, aunque hacía falta insistir más. En la seguridad social la pediatra no me habló de esto -ni casi de nada de lo que se pudiera hablar-, pues es la enfermera quien lleva la agenda de alimentación -agenda, nunca mejor dicho-, y a los siete meses me echó bronca, literalmente, por no estar siguiendo a rajatabla el calendario. "¿Quieres que tu hijo tenga una anemia? Necesita más proteínas...". Y se trataba de un bebé que superaba en algo más de un percentil el peso de media para su edad. Extrañada por lo de las proteínas, me fui indicándole que me asesoraba un médico privado.

Aun tuve suerte, e incluso así me empecé a obsesionar en cierto grado con los horarios y el apetito. Paralelamente recibía todo tipo de críticas del "ala dura" de mi entorno acerca de la falta de control de los tiempos y mi mal hacer en general (tener al bebé en nuestra habitación a punto de cumplir un año, acostarlo tarde para esperar a mi pareja, seguir dándole el pecho...).

Total, que ya le habíamos dado alguna vez un trozo de carne -que se le había atascado- o de galleta -que comía con caras extrañas pero repetía-. Y no sé ni cómo nuestro hijo nos dio una lección, a su padre y a mí, y un día, y otro, y otro, le empezamos a dar lo que pedía: trozos de comida para que el chiquitín eligiera directamente qué se llevaba a la boca. 

Quizá ya habíamos leído algo sobre el tema, aunque no teníamos nada claro, y desde luego otras formas de alimentar nos parecían alternativas, y por alguna mala asociación, "radicales", "con poca evidencia empírica". Pero la intuición pudo más que lo reglado. Y también cierto conocimiento del cuerpo humano, su fisiología y su evolución, y había cosas que no nos cuadraban, como la insistencia de alimentar a una personita diminuta, sin dientes, con alimentos que en la naturaleza no podría ingerir sin nuestra ayuda -y la del túrmix-. Así fue como nuestro bebé nos ha brindado otra oportunidad en esta materia. Ahora le servimos diferentes cosas (zanahoria, macarrones, pollo...) y él come lo que quiere. No suele ser mucho, pero es algo, y sin duda tiene bastante. Ya parecen gustarle mandarinas, plátanos, manzanas, galletas, panes, carnes, legumbres, macarrones, tallarines... ¡Y leche!

A partir de que el bebé nos lo pidiera y nos guiara en la introducción de alimentos, para que nosotros lo pudiéramos guiar a él teniendo en cuenta sus deseos, hemos buscado información sobre destete y nos hemos tranquilizado mucho. Es más, nos arrepentimos en cierto modo de cómo empezamos su aventura con la comida. Pero de todo se aprende. Y ahora los tres disfrutamos más el momento de sentarnos a la mesa. Ah, y a mi hijo no le gusta ponerse babero -detalle que no pasa desapercibido a ningún observador de la colada, por más corto de vista que pueda ser el observador, digamos alguna de las abuelas, por ejemplo-.

El movimiento de referencia se llama Baby-Led Weaning (BLW, algo como alimentación complementaria dirigida por el bebé). Y el siguiente link explica en qué consiste y aporta buenas ideas para quien esté interesado en otras formas de dar de comer a su hijo: http://www.babyledweaning.es/2011/08/blw-que-puedo-darle-de-comer.html. También puede ampliarse información con el libro Mi niño no me come, de Carlos González -que aún no he leído, pero sí que he "devorado" otra obra suya, Bésame mucho, y la recomiendo especialmente-.







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