martes, 25 de octubre de 2016

El futuro de la gerontología: hacernos vivir 1000 años


 


El científico, gerontólogo (informático, ingeniero y biólogo), Aubrey de Grey nos anima a mantenernos sanos unos años más, quizá 20... Es para cuando espera que la esperanza de vida humana haya alcanzado la ventolera de 1000 años; y a él, basandose en términos estadísticos, le parece una cifra conservadora.

La idea es eliminar el envejecimiento. Dice que el cuerpo humano, como máquina que es, se puede reparar. Pero siempre es mejor actuar sobre un cuerpo sano, es decir, trabajar con medios preventivos, que con un cuerpo ya deteriorado. 

En una entrevista al diario El País también nos habla de cómo podrá vivir este hombre/esta mujer del futuro, por ejemplo comiendo carne artificial producida con células madres -todo un avance para los derechos del reino animal en su conjunto-. Me imagino a unos niños en la escuela, "leyendo" una lección de historia o de medio ambiente en la que se explica que los seres humanos pasaron de la caza y la recolección a la reproducción masiva de animales para el consumo, que podían obtenerse luego en tiendas especializadas en alimentos de origen animal y/o vegetal. "¡Qué incivilizados que eran nuestros antepasados! ¡Qué bestias!, y no hace tanto tiempo..."

El asunto de conseguir que las células se sigan reproduciendo bien y los organismos se mantengan jóvenes se me antoja de ciencia ficción, pero me parece lógico pensar que la ciencia vaya hacia ello -le interesa a mucha gente, supongo-, y pueda conseguirlo, o al menos parcialmente. Ya nos ponemos cremas anti-age, cuidamos el colesterol, mantenemos la mente activa... Sin embargo, éstas son medidas beneficiosas pero que en palabras de Aubrey de Grey no aumentan sigificativamente la esperanza de vida. Introducirnos unas bacterias que se dediquen a eliminar desechos en nuestro organismo, por ejemplo, sí marcaría la diferencia.

Si vamos a vivir más -mi hijo de 5 años se pondrá muy contento, pues reiteradamente pregunta sobre la muerte, cuándo nos vamos a morir, cuánto tiempo podrá vivir tranquilamente con su familia y amigos...-, espero que no sea embarcados en un programa incómodísimo de pruebas y procedimientos médicos -aunque muchas personas firmarían ahora mismo por el elixir de la buena juventud, cueste lo que cueste-.

Otro tema será lidiar con el aburrimiento. Si ya se aburren de vivir tantas personas de edad avanzada, podríamos preveer que el hartazgo pueda verse incrementado. El gerontólogo se avanza indicando que es un problema de educación y de dotar a las personas de habilidades para disfrutar de la vida. ¡Qué bien! Más trabajo para los/as psicólogos/as.

En el siguiente enlace podéis leer la entrevista:

martes, 11 de octubre de 2016

Nou post a La Torre: Aprendre a dir no

Nou post a La Torre: Aprendre a dir no




                    /http://www.latorredebarcelona.com/aprendre-dir-no/

La exigencia, ¿un bien preciado?


Ser exigente con uno/a mismo/a y con los demás es bueno… pero en su justa medida. El conformismo, la resignación en cualquier caso, es lógicamente malo. Pero exigirse siempre el 100% es tener una idea distorsionada de la vida y de uno mismo. Porque no existe ese 100 %. Tarde o temprano te equivocarás, a alguien algo de ti o que has hecho no le gustará…

Buscar el 100%: el mayor error
Por ejemplo, si te presentas al examen de conducir puedes fallar, ¿cuánto, hasta 3 o 4 veces…? ¿Y pretendes no fallar nunca en otros aspectos de tu vida? ¿Como hijo/a, como madre/padre, como cuidador/a, como profesional, como consumidor/a…? ¿Te exiges a ti mismo/a más de lo que se exige en las oposiciones más rigurosas?
Esto en parte ocurre porque nos formamos una idea estandarizada (basada en estereotipos de belleza, productividad, agilidad, etc.) de cómo debemos ser. Qué se esperaría de una persona exitosa en todos los sentidos. Ése sería nuestro Yo ideal. Cuántas más discrepancias haya entre ese Yo ideal y lo que somos, el Yo real, peor autoconcepto tendremos y peor autoestima.
Sería muy beneficioso reformular nuestro Yo ideal, a un Yo realista, y acercarnos poco a poco, con senos y valles, con errores, con tanteos, a ese Yo revisado, aproximándonos desde nuestro Yo real o actual.