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Mostrando entradas de agosto, 2013

El sano placer de hablar con uno mismo

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Cuando vas por la calle, caminando por una zona concurrida, o viajas en un transporte público, y se te acerca demasiado alguien que habla solo, tu reacción quizá sea la de ponerte a la defensiva: apartarte todo lo que puedas, incluso desplazarte, coger con fuerza tu bolso, hacer movimientos de cejas para avisar a tu acompañante o a los individuos que estén en la proximidad de que hay un personaje extraño, realizar muecas de complicidad con otros transeúntes o viajeros, etc. En algún caso, según sea la persona que está parloteando, sentirás miedo y te alejarás completamente, o buscarás una distancia de seguridad para poder “chafardear” a gusto qué más hace ese loco para dar la nota.
En estas situaciones, nuestro miedo o aprensión tiene una lógica adaptativa: las probabilidades de que ese sujeto que habla solo no esté en su sano juicio son elevadas y las de que pueda hacer algo impredecible o que pueda ser perjudicial quizá sean más reducidas aunque sigue habiendo un riesgo. Pero esto …