Entrenar nuestra inteligencia emocional: pedir disculpas

En ocasiones nos equivocamos en la forma de comunicarnos o comportarnos con las personas de nuestro entorno, y esto puede provocar sentimientos negativos, o contradictorios, y disminuir nuestro buen ánimo. Lamentablemente la manera en que actuamos y nuestras "malas palabras" pueden hacer daño a otras personas y dolernos a nosotros mismos. Es una pena que no seamos capaces de reaccionar mientras está ocurriendo, y que nos dejemos llevar por la ira, el rencor o la inercia de una mala conversación. Quizá haya situaciones en las que sea mejor liberar esa tensión acumulada y no se encuentra un modo menos perjudicial o demoledor de hacerlo. A pesar de ello, si se ha llegado a ese punto, tal vez lo mejor sería recular o, simplemente, pedir disculpas cuando sea posible formular las palabras sin que suba la temperatura corporal. Preferiblemente pronto que tarde...

Siempre, o al menos casi siempre, se está a tiempo de enmendar nuestros actos y de prepararnos para hacer mejor las cosas cuando se nos presente la próxima oportunidad.

Por fortuna, el ser humano tiene grandes opciones de aprendizaje y no necesariamente ha de tropezar con la misma piedra, y además quizá no sea tan grave caerse alguna vez más si eso nos ayuda a por fin comprender la situación y nos entrena para, llegado el momento, no volver a tropezar.



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