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Tómate tu tiempo

Cuánto mejor es tomarse las cosas con calma y vivir la vida sin recurrentes ajetreos...

Cuando tenía veinte años y trabajaba en edición de libros, me encargué de la realización editorial de una obra titulada en castellano Toma tu tiempo. Su autor, Eknath Easwaran, es un maestro indio afincado en California (Estados Unidos). En aquella época, yo había leído muy poco sobre filosofía india y, si bien no comparto su punto de vista claramente espiritual, ni soy persona fácil de convencer, me agradaron varios de sus consejos –tanto por su simplicidad como por su capacidad para cambiar las cosas-. Y aunque esto lo tendría que matizar, tal vez acotando el efecto a “algunas pequeñas cosas”, no está mal encontrar formas sencillas de provocar cambios en las personas, en las relaciones entre éstas, etc.

Como ahora tengo algo más de treinta años –sólo un poco más…-, y existe la curva de olvido, no recuerdo muchos ejemplos del libro. Sé que exponía también la necesidad de prestar atención a lo que se hace, ocupándose de una cosa por vez, la de darse tiempo para mejorar la interacción con los demás, la de encontrar el equilibrio... Sin embargo, mantengo vívida la idea de tomarme las cosas con cierta calma. Es verdad que si vas apresurado es mejor no correr.

Un ejemplo entre esas páginas retrataba una situación cotidiana en la cola de una oficina de correos, donde todos parecían estresados, y un hombre inquieto, que se encontraba detrás del autor, le resoplaba a este último en la nuca. Easwaran recomendaba tener paciencia a quien actuara de esa manera y comentaba cómo le había cedido el turno a aquel disgustado individuo, indicándole que él sí tenía tiempo. De este modo, el otro se distendió y, al final, la cordialidad se fue difundiendo y la gente estaba más relajada.

Me acuerdo especialmente que recomendaba tratar a los demás con respeto y, para decirlo sin vestiduras, con buen rollito. El buen rollo genera buen rollo, así como la agresividad suele desembocar en más agresividad.

Quizá este tipo de ejemplos puedan parecer banales, pero a mí el discurso de Easwaran en su momento me caló hondo. Y cuando soy poco asertiva o me “mosqueo” en situaciones similares (salas de espera, vagón del metro…) en ocasiones recuerdo la idea que quería transmitir el libro, y otras obras u otros comentarios de personas que he ido acumulando en algún habitáculo de mi memoria emocional, y hago un esfuerzo por tomarme las adversidades y hostilidades con mejor humor.

Con frecuencia, es cuestión de tener presente que uno quiere estar bien, dichoso, y que los agobios y las malas vibraciones de la gente no le afecten. Y al ser consciente de esto, hay mayores posibilidades de contrarrestar esa negatividad y seguir sintiéndose bien a lo largo del día.   

De igual modo, en la actualidad soy madre y dedico tiempo, ampliamente, a mi bebé. Y me doy cuenta de que mi manera de ser y estar con él se caracteriza por la paciencia, incluso la lentitud. Nuestros momentos pocas veces se ven trastocados por el horario ajeno, y puedo decir que con él suelo tomarme todo el tiempo del mundo. Como dice una canción de Los Piojos: “Mil relojes no marcan las horas como vos”.



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