miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Por qué será que a los niños pequeños les gustan las labores domésticas?

¿Por qué será que a los niños pequeños les gusta deleitarse con las tareas domésticas? Quieren imitar a los mayores barriendo, tendiendo -o destendiendo- ropa, poner a funcionar el lavavajillas, cargar las bolsas de la compra... Vaya, que pareciera que les motivara hacer todo aquello que la mayoría de adultos desearíamos dejar de hacer.

Esto se debe, en parte, a las ganas de los niños de descubrir el mundo. Y a la necesidad de aprender de la mano de sus progenitores, también en parte. Así, los niños van tomando conciencia de las diferentes acciones y van comprendiendo mejor aquello que les rodea.

Pero hay otro factor menos tenido en cuenta, que es simplemente el juego. Los niños al realizar labores domésticas -o intentarlo al menos- imitan y aprenden, pero a la vez ¡están pasándolo pipa porque cualquier acto que llevan a cabo se convierte en un interesante juego! Por ejemplo, fregar platos, ¡qué sensación! El agua cae sobre las vajillas, desprende partículas de comida, hay que usar esponja, con burbujas, y trapos... Todo ello no sólo es entretenido en sí mismo, sino que este acto acerca más al pequeño a sus modelos tan estimados: principalmente mamá o papá.

Sin duda el juego resulta fundamental para el desarrollo de las personas. En la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por 192 países en 1989, uno de los derechos es: "Los niños tienen derecho al juego". (Hoy es el día internacional de la infancia, por lo que me parecía oportuno hacer mención a estas declaraciones.)


Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés, consideraba que el juego es un factor determinante de la salud mental y la evolución normal de un niño. Algo así como que, si un niño juega con frecuencia, a gusto y juega bien, en principio sería un niño psicológicamente sano. Esto podría discutirse largo y tendido, sin embargo, refuerza la idea de la importancia del juego en la niñez. Y, claro está, deja la puerta abierta a la reflexión de por qué no va a ser de igual modo saludable jugar en cualquier etapa de la vida.

Quizá habría que cambiar esa idea tan extendida que hace referencia a los adultos cuando juegan de "disfrutar como un niño" por una frase del estilo "disfrutar como es merecido".





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