He recibido por email esta carta, para mí anónima -pido disculpas a su autor/a en caso de que le disguste que la publique, aunque asumo que su intención era difundir el mensaje-. Me ha parecido muy emotiva e interesante para inducir a la reflexión sobre los cambios que puede comportar el envejecimiento de nuestros seres queridos, así como la comprensión y paciencia que ellos requerirán en el caso de ver mermadas algunas de sus capacidades. Carta de una madre a su hija: Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme. Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor. Y recordar los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida. Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte c...
Espacio de divulgación de la psicología de Danielle Molina Stajnsznajder, psicóloga y psicoterapeuta