miércoles, 16 de julio de 2014

Altas temperaturas y depresión veraniega

La depresión veraniega es un tipo de trastorno afectivo estacional poco común que, en lugar de presentarse en invierno como suele ocurrir, debuta en el período estival. 

En general, se asocia con el invierno, teniendo como causas más probables el frío y la oscuridad. Pero, según la Sociedad Americana de Psiquiatría, también aparece en algunas personas durante el verano. Si bien en la actualidad no presenta una importante prevalencia, la cifra va en aumento posiblemente por el calentamiento global y los estadíos más prolongados de clima cálido.


Las posibles causas:
  • La humedad, puesto que produce malestar y eleva la irritabilidad -así como el dolor en las articulaciones-.
  • El calor, debido que para algunas personas no es deseable y pasan un tormento cuando se someten a  altas temperaturas.
  • La imagen corporal, en caso de que no se esté conforme con la propia apariencia. El tipo de atuendo estival deja ver los detalles menos deseables de la figura (michelines, celulitis, estrías, manchas, quemaduras...).

Las personas con depresión veraniega presentan algunos de estos síntomas:
  • Insomnio o déficit de horas de sueño.
  • Pérdida de apetito.
  • Pérdida de peso.
  • Labilidad del estado de ánimo.
  • Irritabilidad.
  • Ansiedad.
Los síntomas del trastorno afectivo estacional de verano se contraponen a los de invierno (más horas de sueño, comer más, alejarse de las actividades sociales y prácticamente hibernar).

¿Qué se puede hacer para mejorar?
Es aconsejable ir de vacaciones a lugares de clima templado, más frío, darse baños a bajas temperaturas y buscar sitios ventilados y/o con aire acondicionado. No implica huir de los rayos de sol, pero sí exponerse con moderación y no pasar excesivo calor.

Además, como en cualquier déficit de buen ánimo, resulta imprescindible buscar actividades que despierten interés, que hagan a la persona sentirse mejor, reunirse con amistades o familia, practicar algún deporte, acudir a eventos de entretenimiento, etc.


Afortunadamente, se trata de un trastorno pasajero, es decir, desaparece cuando cambia la estación. Si los síntomas persisten, es indicación de que ocurre algo diferente y probablemente más serio. En ese caso, convendría consultar con un/a psicólogo/a.


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