viernes, 24 de abril de 2015

Sant Jordi, un comentario algo disconforme

Sant Jordi y su cliché... Sant Jordi y su enseñanza... Las tradiciones, la cultura... Lo positivo, lo menos positivo...

No querría ser la aguafiestas que pone las tildes y cuestiona el romanticismo, la cultura popular..., el consumismo, pues todo ello y mucho más está representado en el día del libro. Me encanta que se regalen libros, también que se regalen rosas, también que se estimule la economía, ¿por qué no si todos necesitamos un empujoncito? Sí, me gusta ver a mi hijo mayor emocionado con las paradas de libros y rosas, que me regale una rosa y que me diga que me la regala porque me quiere mucho... Eso derrite el alma.

Aun así, soy una persona crítica, y no puedo evitarlo, y me pregunto hasta qué punto seguir expicando la leyenda de Sant Jordi, con un caballero muy machote y noble, y una princesa que necesita ser salvada, ayuda a los niños a entender una sociedad que preferiría que fuese más justa y equitativa al menos desde una perspectiva de género. La leyenda abre la puerta al clasicismo y la tendencia a vestir a las niñas de princesas, más que de bailarinas, médicas, bomberas, guitarristas... No sé qué me gusta menos de los disfraces de princesa: la apología de la monarquía y la nobleza, o bien el papel accesorio y victimista al que se confina a la mujer.

Y no entiendo por qué no contamos la leyenda con variaciones, con princesas que luchan, con caballeros que trabajan en equipo. O por qué no dejan de ser princesas y caballeros... Bueno, en verdad lo cuestiono todo sobre la historieta de Sant Jordi, de principio a fin. Y entiendo que pertenece a otra época, dato por el cual preferiría que hubiera adaptaciones movilizadoras al pie de calle y que en las escuelas fueran más progres y menos carcas. 

Me gustaría que dejáramos de hacer propaganda de la típica historia de Cenicienta, Caperucita Roja, incluso de la leyenda de Sant Jordi... E inculcáramos de forma más masiva los valores pro igualdad a los niños desde pequeños, aun antes de que ellos mismos puedan hacerse estas preguntas. 

Sé que hay muchos educadores que persiguen este objetivo y enseñan desde la igualdad y el espíritu crítico. Pero en ocasiones, en lo que se refiere al folclore y las transmisiones culturales, todavía cuesta romper algunos moldes y reinterpretar los mensajes obsoletos que calan hondo en las personitas quienes, como suele decirse, son esponjas de conocimiento.


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