lunes, 30 de noviembre de 2015

Ayuda psicológica para el dolor físico

Si hay un dolor físico, ¿por qué buscar ayuda psicológica?

En general las personas sabemos que, cuando soportamos un dolor físico, es decir, corporal, la mente no está separada, desconectada, de ese dolor. En realidad, cuerpo y mente forman parte de un todo, de lo mismo: de un ser, y las ideas preconcebidas acerca de ese daño, la forma de afrontar los problemas, el umbral del dolor, la percepción que se tiene sobre dicho sufrimiento, el modo en que actúan los demás en nuestro entorno, nuestra experiencia, etcétera..., todo eso influye y se interrelaciona antes, durante y después de que sintamos dolor.

Si tenemos en cuenta cómo nuestro cerebro media en la percepción del dolor, y me atrevería a decir que en la propia expresión del dolor, no es de extrañar que las personas que padecen algún tipo de dolor, especialmente cuando es crónico, puedan beneficiarse de las estrategias que suelen utilizarse en la consulta psicológica.

Evidentemente, decir que el dolor físico no puede separarse de lo psicológico no significa que "uno sufre porque quiere" o que "se trate de un dolor inventado". La mente no solo inventa -que sí, tiene esa capacidad-, sino que percibe, procesa, siente... Sin embargo, el dolor no se puede controlar, en el sentido que, si algo hace daño, como por ejemplo una intervención quirúrgica, por más que queramos que no nos duela, algo desagradable sin duda vamos a sentir. Por tanto, la anestesia juega un papel fundamental en la medicina y nos facilita la existencia. El dolor por una fractura, un miembro fantasma, migrañas, reglas dolorosas, etc., tampoco se puede controlar porque hay ciertas variables implicadas que no dependen de nosotros, pero la gestión de ese dolor -además del uso de analgésicos, que también han sido y son una ayuda para la humanidad- sí que depende de nosotros y puede variar incluso la intensidad y la recurrencia del mismo.

Como inciso, hay quienes usan otras vías para intervenciones quirúrgicas que eliminan o reducen el uso de anestesia, como la hipnosis. Pero si bien he practicado la hipnosis no he llegado a probarla en ningún caso por el estilo y de momento no me atrevería a ello. También se emplea en ocasiones en preparación al parto y el momento del parto, donde muchas mujeres prefieren dar a luz de forma natural en vez de medicalizada con inducción hormonal, rotura de aguas, epidural... Yo he vivido un parto natural, y no voy a decir tampoco que no duela. La recuperación sí que es más fácil y menos dolorosa, una de las cuestiones que se puede considerar al decidirse por una opción u otra.

En cualquier caso, son muchos los ejemplos donde podría hablarse del manejo del dolor. Y este post es simplemente un apunte. Me gustaría volver a ello próximamente para profundizar en el asunto. Mientras tanto, animo a quien está sufriendo un tipo de dolor que le limita su día a día, le repercute en sus actividades diarias, que explore las posibilidades que la psicología puede brindarle, que hay un gran abanico -diría que para todos los gustos-, y promueva un cambio que le lleve a disfrutar más de la vida.













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