miércoles, 11 de mayo de 2016

Underparenting? ¿Essooo qué es...?


Acabo de leer una entrevista a la periodista Eva Millet que, a partir de haber sido madre, se ha especializado en temas de educación y crianza; labor que ha derivado en la autoría del libro Hiperpaternidad.

Como suele ser habitual cuando lees un artículo "de opinión", puedes estar de acuerdo con parte de su contenido y, con otra parte, no. En este caso, y al no haber leído el libro que promociona, puedo tener una idea sesgada de sus opiniones; si bien me imagino que la periodista habrá editado su entrevista y coincidirá en gran medida con lo que allí se explica. Así, me tomaré el atrevimiento de comentar algunas de sus máximas, porque a mí al menos me chirrían, la verdad.

1. Dice que hemos pasado de tener "hijos mueble" a "hijos altar", a los cuales veneramos. Que por influencia de los estadounidenses de clases privilegiadas aplicamos una sobreprotección a los hijos que se han convertido en el centro de las familias. Y añade que está bien que sean superespeciales para ti pero que no lo son para todo el mundo y han de aprender esta diferencia.

Bueno, coincido con ella en que los estilos de crianza han evolucionado, y que la manera autoritaria en la que los niños no podían opinan ni incidir en sus propias vidas ha quedado obsoleta. Ya no casamos a los hijos y las hijas en edad de procrear -al menos en nuestra sociedad-, ni decidimos, en general, lo que estudiarán profesionalmente... A mí eso me parece positivo. Todo ello me lo parece. 

Que estén en un altar... A mí también me parece positivo. No hay nada más importante en mi vida que mis hijos, así de claro. Que no son superespeciales para el resto de la gente es de perogrullo. Creo que los niños "chocan" con esa realidad continuamente y la aprehenden a pasos agigantados. No solo en casa si tienen hermanos (la media de hijos por familia es 1,3; pero en muchas casas los peques han de compartir con hermanos, con primos, con amigos... Y es buena idea seguramente que los padres promuevan estas interacciones sobre todo si son hijos únicos). Cuando ingresan en la guardería se encuentran con las difíciles ratios en las que los bebés han de posponer sus necesidades con demasiada frecuencia. Luego en p3..., en primaria..., cada vez la atención personalizada es menor. Y están en el cole un puñado de horas, así que alguna influencia tendrá esto en su educación.

Además, en el parque han de compartir mobiliario y según cómo juguetes, muchas veces al año es el cumpleaños de otra persona, otro niño, que es especial y recibe regalos y atenciones... Con frecuencia quieren querdarse en casa pero han de ir al cole de todos modos. No pueden elegir. En el comedor comen sin duda lo que les toca. Tampoco pueden elegir. En casa habitualmente ocurre igual.

De modo que tienen continuos recordatorios de que viven en sociedad y de que son parte de un universo, no el universo. Pero el egocentrismo infantil existe -y el adulto ya ni digamos...-, y según los teóricos del tema eso es bueno. Ayuda a formar un buen autoconcepto lo que redundará en una fuerte y consolidada autoestima.

Que los niños crean que son especiales en su entorno lo encuentro sano y constructivo. Obviamente teniendo algo de sentido común -que es el peor de los sentidos y en el que menos nos pondremos de acuerdo-.

Y si para Eva Millet es malo "sobreproteger" a los niños, sería algo así como malcriarlos y no permitirles desarrollarse, para mí sobreproteger no es malo, prefiero proteger a mis hijos siempre: no en el parque sí pero en el chiqui park no... Aunque coincido con ella en que hay que darles un margen para hacer las cosas con autonomía, para enfrentarse a los problemas y buscar soluciones, eso sí, en mi caso, opino que con el paraguas del cuidado de sus mayores. "Si puedo y lo necesitas, te ayudo."

2. Habla de la competencia de los "hiperpadres" que quieren tener el mejor coche, los mejores dientes, el mejor niño... 

Aquí no puedo criticar su forma de pensar porque coincido con ella en que las personas compiten por el deseo de cumplir estereotipos y a veces pueden instrumentalizar a los hijos para seguir esa carrera hacia el éxito. ¿Y qué pasa si tu hijo/a tiene un ritmo de desarrollo más "lento"?, ¿y si necesita algún tipo de ayuda o tiene diversidad funcional?, ¿y qué pasa si un bebé no duerme bien por las noches -esto a mí personalmente me martirizaba; al parecer los niños de los demás dormían de un tirón, el problema eran los míos...-?

En cuanto a esto, también comenta la tendencia a obligar a los niños a crecer demasiado rápido y hacerlo todo solos... Si he entendido bien, opino como ella. Está bien dejar a los niños buscar estrategias para resolver los problemas y también está bien ayudarlos y no instigarles a aprender apresuradamente.

Que estamos inmersos en una vorágine de estímulos y parece de juzgado de guardia quedarte un fin de semana en casa... En ocasiones he sentido esa presión.

3. Los hiperpadres intervienen mucho en la escuela.

Estoy de acuerdo en que algunos padres parece "que hayan vuelto a la escuela" y según me he enterado a veces llevan sincronizada la agenda de sus hijos con la suya. Bueno, yo me apunto los días de fiesta o de excursión por la cuenta que me trae. Si me olvido, mal vamos... Pero cuando puedan tener su propia agenda, por edad, espero dejarles cierta libertad.

Pero no coincido en que los padres no deberían escoger escuela, sino que los niños habrían de ir a la que tuvieran más cerca en el barrio. Está claro que la cercanía es un factor importante, pero hay muchas otras variables en juego y, dado que las escuelas no son homogéneas entre sí, que los padres averigüen y elijan -y si tienen buena suerte, luego obtengan una plaza- lo considero altamente recomendable.

No entiendo por qué va a ser un problema. La gente suele destinar tiempo a la búsqueda de un coche nuevo, una moto, unas vacaciones... ¿y no le puede dedicar unos días y unas cuantas horas a la elección de la escuela?

Hace poco leí que corríamos el peligro de segregar las escuelas, porque hay algunas más pedidas que otras. Pero esto no es culpa de los padres que se informan y quieren acceder a una educación determinada, sino a las diferencias notorias entre escuelas y a los problemas de plaza. Quizá esta segregación depende más de la Administración que de la elección de los padres. Si se destinan más fondos a las escuelas que por alguna razón tienen peor fama, y se mejoran en diferentes aspectos, seguramente ya no serían denostadas.

Y en cuanto al estilo educativo, tal vez explicando mejor a los padres la metodología de cada escuela, y siendo más permeables a los cambios en la sociedad, no habría tanta diferencia. De todos modos, a veces cuando "lees la letra pequeña" en muchas cuestiones no son tan diferentes unas escuelas de otras.

4. Estamos criando ñiños L'Óreal, "porque yo lo valgo". 

Prefiero que mis hijos se sientan con derecho a evolucionar, a mejorar, a acceder a lo que les guste, y no que vivan resignados. No me canso de demostrarles lo que valen. Y también les recuerdo que todas las personas tienen muchos talentos y mucho potencial.

5. Propone el underparenting o sana desatención de los hijos. 

Entiendo que a Eva Millet le debe de gustar poner de moda un término que suena tan bien en inglés. Creo que en general se usa el término underparenting como un efecto no deseado de la vida ocupada de los padres, y que se tiene que procurar evitar.

(Aquí un ejemplo: Underparenting)

Para mí "sana" y "desatención" son dos palabras que no combinan muy bien, que no se ensamblan. 

Me parece que es una expresión peligrosa, que puede llevar a la idea de que no hace falta dedicarse tanto a los hijos. Esto concuerda muy bien con tener gloriosas profesiones que nos ocupan gran parte del tiempo y de la energía y dejan poco margen para la educación de los hijos. Y así el underparenting parece una opción cómoda y novedosa, que además resulta beneficiosa para los niños. Lo tiene todo. Todo, excepto el amor incondicional por los niños, el tiempo de calidad (y también la cantidad) con ellos... Dependerá de la interpretación de cada uno, no digo que sea la idea de la autora del libro, pero desde luego da pie a una readaptación de la crianza en pos de mayor autonomía... para los padres.

6. Que la familia no es una institución democrática, sino una jerarquía. Los padres arriba y los niños abajo.

Me parece un modelo anticuado, vetusto. Y pone ejemplos como "¿quieres el Dalsy?". Vale, ya sé que he de dárselo si lo necesita. Pero me he dado cuenta de que el asunto va más sobre ruedas, a partir de cierta edad cercana a los tres años, si les preguntas si están preparados, si les avisas que ahora toca el Dalsy o ponerse un gorro, etc. 

Tampoco me parece exagerado que puedan escoger qué comer, al menos de vez en cuando. Y que haya alimentos que no les guste y que no les obligue a comérselos. 

Queremos hijos "autónomos e independientes" pero que en casa no rechisten y hagan "todo lo que les decimos". Me chirría de igual modo que el vocablo underparenting.

Creo que buscamos teorías psicológicas o educativas que justifiquen nuestro ritmo de vida y nuestras preferencias. Y todo ha de caber en el molde de la 
"hiperproductividad" -la cual creo de todos modos que Eva Millet rechazaría, tal y como se desprende del artículo "Cuando 24 horas no bastan" que ella misma publicó anteriormente en La Vanguardia-. En cualquier caso, la hiperproductividad me parece más enemiga de los niños que la "hiperpaternidad". Aunque, como en casi todo, los extremos no suelen ser la opción ideal.

Aquí os dejo el artículo de la periodista: 
























3 comentarios:

  1. A los niños hay que dedicarles tiempo, amor, caricias, contención ... Llenarse de paciencia, llenarlos de besos, marcarles límites de forma explicativa y pedagógica ... Nunca se dan muchos besos. Muy de acuerdo contigo Danielle. Felicidades por el blog.

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    1. Sí, así pienso yo también. Muchas gracias y saludos!!!

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